El consumo eléctrico de los centros de datos es un tema que viene siendo analizado desde hace mucho por las instituciones públicas. En un momento en el que España está debatiendo el proyecto de Real Decreto, la Comisión Europea estudia nuevas medidas para evitar que el rápido despliegue de centros de datos, impulsado especialmente por el crecimiento de la inteligencia artificial (IA), genere tensiones sobre las redes eléctricas o termine trasladando costes a los consumidores.

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, ha confirmado que Bruselas está analizando fórmulas para abordar el impacto energético de estas infraestructuras y evitar un incremento significativo del precio de la electricidad.

El crecimiento de los centros de datos está añadiendo una nueva categoría de grandes consumidores al sistema eléctrico. Las instalaciones destinadas a cloud, IA y otras cargas de trabajo intensivas requieren un suministro continuo y, en el caso de los grandes campus, pueden concentrar cientos de megavatios de demanda en un mismo punto.

Para Ribera, la cuestión no pasa por frenar el desarrollo de estas infraestructuras, sino por establecer unas condiciones que permitan compatibilizar su expansión con la capacidad energética disponible y evitar impactos negativos sobre el conjunto de la sociedad. La vicepresidenta ha advertido también del riesgo de que un crecimiento sin planificación genere rechazo social hacia los centros de datos.

La red eléctrica, un factor crítico para la expansión digital

La disponibilidad de electricidad se ha convertido en uno de los principales condicionantes para el desarrollo de nueva capacidad de centros de datos en Europa. La expansión de la IA está incrementando las necesidades de computación y, con ellas, las exigencias de potencia de las instalaciones.

En este contexto, Bruselas también está estudiando la posibilidad de otorgar un carácter estratégico a las redes eléctricas europeas para acelerar su desarrollo y evitar que las limitaciones de infraestructura energética terminen convirtiéndose en un cuello de botella para nuevas inversiones digitales.

El debate plantea una cuestión cada vez más relevante para los operadores: no basta con disponer de suelo y conectividad para construir un centro de datos si no existe capacidad eléctrica suficiente para ponerlo en funcionamiento.

La situación está llevando a los gobiernos y a los operadores de redes a replantear los mecanismos de conexión y planificación de nuevas infraestructuras. En España, precisamente, la conexión a la red se ha convertido en uno de los principales puntos de discusión en torno al crecimiento de los centros de datos.

El Ejecutivo español ha defendido que la expansión de estas instalaciones debe producirse sin trasladar al sistema eléctrico los costes derivados de sus necesidades específicas. Al mismo tiempo, mantiene abierta la posibilidad de modificar algunos de los requisitos planteados inicialmente en su proyecto normativo.