Desde los Andes peruanos hasta la costa brasileña del océano atlántico, durante más de 7.000 kilómetros se extiende el río amazonas y con él, la selva amazónica, la más extensa y biodiversa del mundo. Abarca aproximadamente 5,5 millones de km² y se extiende por 9 países de Sudamérica, aunque la mayor parte de su extensión se concentra en Brasil, Perú y Colombia, también forman parte de este inmenso territorio Venezuela, Ecuador, Bolivia, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa.

En esta región diversa y vital habitan alrededor de 30 millones de personas, la mayoría en comunidades rurales, ribereñas y en ciudades amazónicas, pero entre ellas, hay también una población indígena de entre dos y tres millones de personas pertenecientes a más de 350 pueblos, muchos de los cuales están asentados en zonas remotas.

Debido a su complejidad geográfica y social, la conectividad digital ha avanzado más lentamente que en otras regiones. Sin embargo, en los últimos años esto está cambiando gracias, sobre todo, a los cables submarinos que se instalan a lo largo del cauce del Amazonas.

Por fin, la Amazonia empieza a dejar de ser un vacío en el mapa de internet para transformarse en un nuevo corredor de comunicación: una red de fibra óptica fluvial, satélites de órbita baja y acuerdos transfronterizos que conectan Brasil, Colombia, Perú y, en menor medida, Venezuela. Es un cambio histórico: la región pasa de ser una periferia desconectada a convertirse en pieza estratégica de las rutas globales de datos, aunque en un territorio donde operar y mantener la infraestructura sigue siendo casi tan difícil como construirla.

Amazonas
Selva del Amazonas – Gettyimages

Una brecha histórica en el corazón verde

Una de las zonas de este territorio donde la conectividad tiene aún mucho camino por recorrer es la Amazonia colombiana; el estado actual de las conexiones digitales sigue muy lejos de los estándares del resto del país. Un ejemplo es el departamento de Amazonas, el cuál ostenta uno de los peores indicadores de suscriptores de internet fijo por cada 100 habitantes, muy por debajo de la media nacional. Esa brecha se superpone con elevados niveles de pobreza multidimensional y dispersión poblacional, lo que durante años desincentivó las inversiones privadas en redes de alta capacidad.​

La mayor parte del tráfico se sostiene todavía sobre enlaces de microondas del Proyecto Nacional de Conectividad de Alta Velocidad, concebido como solución de compromiso cuando la fibra se consideró inviable debido a una combinación de factores geográficos, técnicos, económicos y sociales.

Estos radioenlaces han permitido llevar internet donde antes no había nada, pero su fiabilidad está lejos de la deseada debido a que son muy sensibles a la lluvia, la vegetación densa, los cortes de energía y el vandalismo sobre torres, lo que se traduce en caídas frecuentes y capacidad limitada. El propio Ministerio TIC (Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia) admite que esta infraestructura no puede soportar, hoy, servicios avanzados como centros de datos regionales o nodos de edge computing; la prioridad sigue siendo construir una red básica robusta y resiliente.​ “Para el Gobierno del Cambio, la conectividad en la Amazonía es una tarea que se está abordando desde diferentes frentes, pues no se trata solo como un indicador técnico, sino como una apuesta por Tecnología con Dignidad. Buscamos llevar infraestructura, calidad y capacidades digitales a los territorios, respetando su realidad, su diversidad y su papel en el futuro ambiental y social del país” explican desde la Dirección de Infraestructura del MinTIC, a través de la Unidad de Información a DCD.

El Gobierno del Cambio impulsa la conectividad del Amazonas y moderniza los estudios de RTVC en Leticia.
El Gobierno del Cambio impulsa la conectividad del Amazonas y moderniza los estudios de RTVC en Leticia. – MinTIC

Un territorio extremo para la fibra

Llevar fibra óptica a la selva amazónica implica desafíos muy distintos a los de cualquier otra región, como explica la Dirección de Infraestructura del MinTIC, a través de la Unidad de Información; distancias enormes, acceso casi exclusivamente fluvial o aéreo, humedad extrema, suelos inestables y vegetación que crece literalmente sobre cualquier infraestructura complican cualquier instalación. Abrir corredores terrestres requiere talar bosque en zonas con protección ambiental y la instalación de torres, estaciones y canalizaciones exige licencias ambientales y consultas previas con pueblos indígenas, que son un derecho y no un mero trámite administrativo.​​

Jorge Orlando García Lozano, consultor de Sistemas Subfluviales en Colombia, critica cómo riesgos como orden público, obsolescencia tecnológica y transporte fluvial no se presupuestaron en proyectos como el PNACV o la red de Azteca: "Proyectos formulados a la carrera, riesgos minimizados y plazos basados en cronogramas absurdos". Para él, estos fallos han perpetuado una "brecha estructural", donde "hay conectividad en muchos sitios pero no ancho de banda"

Por estas condiciones, muchos municipios amazónicos quedaron fuera del gran Proyecto Nacional de Fibra Óptica lanzado en 2011 en Colombia, consolidando una “brecha estructural” que aún hoy se intenta cerrar. Algo similar ocurrió en el norte de Brasil, donde durante décadas la región amazónica quedó al margen de los grandes anillos de fibra que conectaban las metrópolis del sudeste con los cables submarinos internacionales.​

En ese contexto, la Amazonia se convirtió en laboratorio de soluciones híbridas: radio y microondas de largo alcance, satélites (especialmente constelaciones LEO), redes subfluviales enterradas en el lecho de los ríos y proyectos de fibra apoyados en consorcios público‑privados de alto riesgo.​

Satélites LEO: la muleta necesaria, pero insuficiente

Mientras la fibra llega –y se estabiliza–, la conectividad satelital, y en particular las constelaciones de órbita baja (LEO), se han convertido en la muleta imprescindible para escuelas, centros de salud, estaciones de policía y comunidades dispersas en la Amazonia colombiana. Estos sistemas se instalan rápido, sin abrir trochas (caminos estrechos o senderos mediante el desbroce y limpieza de vegetación), ni grandes obras, con impacto ambiental mínimo y sin los largos procesos de licenciamiento que acompañan a la infraestructura terrestre.​

Las soluciones LEO ofrecen latencias sensiblemente menores que los satélites geoestacionarios clásicos, lo que se traduce en videollamadas más fluidas, clases virtuales razonables y servicios básicos de gobierno digital aceptables para usuarios rurales.

En Colombia se usan como tecnología de “último kilómetro”, según explican desde MinTIC, para instituciones públicas y como red de contingencia en áreas no municipalizadas donde la fibra sería, a corto plazo, desproporcionadamente costosa.​

No obstante, tal y como cuentan a DCD desde el Ministerio TIC, nadie en el gobierno las ve como reemplazo definitivo de una red troncal de fibra; “el coste por bit, la dependencia de proveedores globales y la limitada capacidad frente al crecimiento del tráfico hacen que la estrategia pase por una combinación de satélite para llegar rápido y fibra para crecer de forma sostenible”.

Una perspectiva similar comparte García Lozano, quien ve los satélites LEO como útiles pero limitados por lluvias intensas en la selva: "Starlink está ahí siempre, solo que las condiciones del clima en la Amazonia son distintas". Destaca la buena penetración de 4G en municipios, pero insiste en que "ninguna selva" justifica priorizar fibra sobre redes abandonadas o sin orden.

Colombia: de borde aislado a nodo entre Atlántico y Pacífico

El giro colombiano es ambicioso y, en buena medida, inédito: convertir su Amazonia en un nodo del anillo internacional de fibra óptica, conectando la región tanto con Brasil como con el Pacífico y los cables submarinos que enlazan Sudamérica con otros continentes. El “Plan de Fibra Óptica para la Amazonía” cuenta con aval del Confis por 683.000 millones de pesos y está diseñado para conectar a más de 227.000 personas y cerca de 100.000 hogares en Amazonas y Putumayo entre 2026 y 2035.​​

La hoja de ruta se articula en dos grandes frentes:

  • Conexión de Leticia a la red de fibra de Brasil en Tabatinga, mediante un cable subfluvial en el río Amazonas, creando un nodo binacional de banda ancha.​​
  • Despliegue de fibra subfluvial por el río Putumayo, desde Tarapacá hasta Puerto Asís, y de allí por vía terrestre hasta Pasto y Buenaventura, enlazando con el cable submarino SAC y abriendo la puerta a futuras conexiones con cables en Tumaco.​

Triple frontera Amazonas; Colombia, Perú, Brasil.
Triple frontera Colombia, Brasil, Perú. – Google Earth

El proyecto está respaldado por el documento CONPES 4167 (17 de octubre de 2025), lo que lo eleva a política de Estado y le garantiza financiación para ingeniería, construcción y operación. La ministra TIC, Carina Murcia, presentó el plan en el II Foro Global Gateway de la UE, subrayando que la fibra ya llega subfluvial desde Belém do Pará hasta la frontera brasileña, y que ahora toca extenderla hacia territorio colombiano para consolidar el corredor.​​

Los hitos inmediatos son claros: a febrero de 2026 debe estar completa la infraestructura de conectividad en Leticia, y en marzo se prevé formalizar la interconexión con Brasil a través del consorcio que defina el gobierno brasileño para el suministro de capacidad IP. Durante el primer semestre de 2026 se seleccionará el contratista que ejecutará las tres etapas del proyecto por el Putumayo, y la construcción arrancaría en el segundo semestre.​

Nokia, Global Fiber y la prueba de fuego en la triple frontera

Antes de que el gran proyecto colombiano despegara, la región ya había vivido una demostración de que la fibra puede viajar por el fondo del río y soportar tráfico masivo. Nokia, en alianza con Global Fiber Perú (filial del Grupo Satelital), desplegó una red de banda ancha óptica e IP con fibra subacuática entre Iquitos y Santa Rosa de Yaraví (Perú), Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil), en plena “triple frontera”.​

La red, enterrada en el lecho del Amazonas, está diseñada para beneficiar a alrededor de 500.000 usuarios en unas 400 comunidades, ofreciendo servicios multigigabit y convirtiendo a Global Fiber en el primer operador en desplegar FTTH (fiber‑to‑the‑home) en esa zona de la Amazonia. Detrás hay una arquitectura compleja: Nokia suministró plataformas 1830 PSS para transporte óptico, enrutadores 7750 para capa IP, equipos 7250 y 7210 para agregación y acceso, la plataforma de gestión NSP, OLT y ONT, y equipos WiFi Beacon 1 en los hogares.​

El operador peruano FYCO apoyó el despliegue y se encarga de parte de la capacitación, el mantenimiento y la expansión de redes en ciudades como Lima, Cusco y Huancayo, mostrando que el know‑how amazónico puede transferirse también a otros entornos. Para Obed Dionisio, director ejecutivo de Global Fiber, completar una red de fibra “nas profundezas do Rio Amazonas” significa probar que es posible cerrar la brecha digital en territorios antes considerados inaccesibles por medios tradicionales.​

Brasil: de “Amazônia Conectada” a “Norte Conectado”

Para conocer mejor la experiencia brasileña, DCD ha contactado con Eduardo Cezar Grizendi (director de Ingeniería y Operaciones de la Red Nacional de Educación e Investigación - RNP), cuya información es clave para entender el momento actual.

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Eduardo Cezar Grizendi (director de Ingeniería y Operaciones de la Red Nacional de Educación e Investigación - RNP). – RNP

El proyecto Amazônia Conectada nació alrededor de 2012, con el ejército desplegando tramos de fibra en el fondo de los ríos y la RNP aportando la visión académica de redes de investigación. Con el tiempo, ese esfuerzo se transformó en el programa Norte Conectado, liderado por el Ministerio das Comunicações, que hoy es presentado como “el mayor proyecto de conectividad subfluvial del mundo”.

Los números son contundentes: el programa prevé ocho “infovías” con unos 12.000 kilómetros de fibra óptica en los ríos amazónicos, para conectar 59 municipios y hasta 10 millones de personas, con una inversión estimada de 1.300 millones de reales. La Infovia 00, ejecutada por la RNP, ya enlaza Macapá, Almeirim, Monte Alegre, Santarém y Alenquer mediante 770 km de fibra en el lecho del río Amazonas, con potencial para beneficiar a un millón de personas. La Infovia 01 conecta Pará y Amazonas, entre Santarém y Manaos, con ramales hacia redes desplegadas por el ejército; la Infovia 02 suma más de 1.100 km de fibra y ya está en operación; y otras rutas, como la Infovia 03 (Belém–Macapá) o la 04 (Vila de Moura–Boa Vista), siguen en despliegue.​

Para Grizendi estos proyectos nacen de la investigación académica, pero solo se consolidan cuando se encuentra el modelo adecuado de colaboración: el Estado financia y coordina, la RNP aporta diseño y operación de alta capacidad, y consorcios de empresas privadas se encargan de explotar comercialmente pares de fibra. Este esquema se ve con claridad en la Infovia 012, donde siete compañías forman un consorcio que comparte infraestructura y riesgos, cada una responsable de un par de fibras y de su monetización.

Operar y mantener: el talón de Aquiles

Más allá de los anuncios, Grizendi insiste en que el verdadero punto crítico ya no es solo tender el cable, sino garantizar su operación y mantenimiento en un entorno extremadamente hostil. Los cables subfluviales en la Amazonia se enfrentan a corrientes fuertes, sedimentos, raíces, posibles dragados, anclas y, en algunos casos, a actividades ilegales que no siempre respetan la infraestructura.

Mantener la red viva implica vigilancia constante, sistemas de monitoreo sofisticados, logística fluvial para enviar embarcaciones y personal técnico, coordinación con autoridades locales e indígenas y protocolos para reparación rápida de daños. En este sentido, la experiencia de Brasil con grandes cables submarinos –como las rutas Brasil–Portugal– y la de empresas como Nokia en operación de redes ópticas complejas son activos que la región busca capitalizar.​

García Lozano subraya que la resiliencia requiere "ingeniería en acción" y compromiso institucional: "Debería serlo, pero se presupuesta una cosa y se ejecuta otra". Mirando al futuro, aboga por unir esfuerzos público-privados y cuestiona el CONPES 4167 por su falta de factibilidad, proponiendo en cambio datacenters estratégicos aprovechando la ubicación colombiana entre océanos.

Perú: Pronatel, proyectos Napo–Putumayo y Manseriche

En el lado peruano, el despliegue de Global Fiber en la triple frontera se complementa con proyectos estatales que buscan reducir la brecha en Loreto y otras regiones amazónicas. El Programa Nacional de Telecomunicaciones (Pronatel) impulsa iniciativas como “Napo–Putumayo” y “Manseriche”, que prometen beneficiar a más de 50.000 ciudadanos en Loreto mediante redes de alta capacidad financiadas con más de 335 millones de soles.​​

El proyecto Napo–Putumayo abarca 274 localidades en las cuencas de los ríos Napo, Putumayo, Huallaga, Marañón y Amazonas, mientras que Manseriche busca mejorar la vida de 43 localidades en Datem del Marañón. Ambos incluyen la instalación de Centros de Acceso Digital (CAD) donde se promueve el uso productivo de internet, con capacitación para que la población utilice la red en educación, salud y comercio electrónico, y con servicios previstos de hasta 40 Mbps.​

Río Amazonas
Río Amazonas – Nacho del Río.

Además, Pronatel ha anunciado programas de internet satelital para más de 1.300 instituciones públicas en Loreto, Ucayali, Madre de Dios y Amazonas, replicando la lógica de “fibra donde sea posible, satélite donde sea necesario” que también se observa en Colombia.​

Venezuela: avances acotados en Puerto Ayacucho

En Venezuela, los esfuerzos son más modestos, pero reflejan la misma urgencia por conectar territorios históricamente aislados. La operadora estatal Cantv ha implementado despliegues de fibra óptica en ciudades como Puerto Ayacucho (estado Amazonas), conectando a más de mil hogares y mejorando servicios en instituciones públicas. Sin embargo, no hay todavía un proyecto amazónico con escala y visibilidad comparables al Norte Conectado de Brasil, al plan colombiano por el Putumayo o a las redes subacuáticas de la triple frontera.

Promesa y riesgo de una Amazonia hiperconectada

La llegada de fibra, satélites y nuevos proyectos promete empoderar a comunidades indígenas y ribereñas con mejor acceso a educación, salud, servicios públicos, comercio electrónico y participación política. También puede reforzar la vigilancia ambiental, facilitar sistemas de alerta temprana y apoyar una economía más diversificada y menos dependiente de actividades extractivas ilegales.​​

Pero una Amazonia hiperconectada conlleva riesgos: sin una gobernanza adecuada, la mejor conectividad puede acelerar dinámicas de explotación de recursos, favorecer el avance de economías ilegales o intensificar la presión sobre el territorio. De ahí que tanto los gobiernos como actores como la RNP, Nokia, Global Fiber o Pronatel insistan en que no basta con desplegar infraestructura; hace falta “Tecnología con Dignidad”, como dice el Ministerio TIC colombiano, es decir, soluciones que respeten los derechos de las comunidades, el entorno ambiental y la diversidad cultural.​​

Lo que sí parece irreversible es que la Amazonia ha dejado de ser un punto ciego en los mapas de conectividad. Los cables que recorren el fondo del Amazonas, del Putumayo o del Napo son ya parte de una nueva geografía: una selva que empieza a medirse también en gigabits por segundo, sin dejar de ser –o precisamente para seguir siendo– el mayor bosque tropical del planeta.

En las comunidades ribereñas, en las escuelas de madera junto al río y en los puestos de salud que dependen de una antena para hablar con el resto del país, la conectividad ya no es solo un indicador técnico: es la posibilidad de estudiar sin irse, de curarse sin viajar días enteros, de defender el territorio con datos además de con la memoria. Cada fibra tendida bajo el agua y cada satélite que asoma entre las nubes pueden ser, a la vez, promesa y amenaza: herramienta para fortalecer a los pueblos que habitan la selva o atajo para explotarla con más velocidad.

El futuro de la Amazonia hiperconectada no se decidirá solo en los centros de datos, los ministerios o los foros internacionales, sino en la orilla de los ríos, en las asambleas comunitarias y en las decisiones cotidianas de quienes viven allí. Entre la humedad, las raíces y el ruido de los motores fuera de borda, la región está tejiendo su propio mapa de luz: uno donde los bits viajan al ritmo del agua, y donde la tecnología solo tendrá sentido si ayuda a que este bosque siga respirando por todos nosotros.