El fin de la abundancia en el valle de Santiago

Hubo un tiempo en que levantar un data center en los alrededores de Santiago era una decisión casi natural. El Gran Santiago lo ofrecía todo: la mayor concentración de fibra óptica del país, la proximidad a los cuarteles corporativos de la banca y el retail, y un clima templado que prometía operar sin demasiados sobresaltos técnicos. Durante más de una década, la capital chilena creció como la indiscutida capital del silicio en el Cono Sur.

Pero los años dorados del crecimiento expansivo han chocado contra la realidad física del territorio en este 2026.

La disponibilidad de suelo y potencia en Santiago ha caído a sus mínimos históricos. La capital chilena comparte hoy la tensión inmobiliaria e infraestructura que sofoca a otros grandes hubs regionales como Bogotá. Sin embargo, la inercia de la inversión no se ha detenido; simplemente ha mutado de piel. La ratificación judicial que desbloqueó el megaproyecto de Amazon (AWS) en suelo capitalino demostró que, pese a los cuellos de botella regulatorios y la falta de espacio, las garantías institucionales de Chile siguen siendo un imán indiscutible para las grandes nubes globales.

El fenómeno de fondo, no obstante, es mucho mayor: la Inteligencia Artificial ha irrumpido no como una tendencia, sino como una voraz demanda energética que amenaza con devorar la capacidad instalada. La cifra ya impresiona a la industria: las autoridades y reguladores tramitan hoy solicitudes de conexión que suman 1 gigavatio (GW) de nueva potencia requerida por los centros de datos. Para ponerlo en perspectiva, esa cifra equivale a la totalidad de la capacidad desplegada en el país durante la última década.

El mercado se encuentra en una metamorfosis. Ya no se trata solo de construir naves industriales con filas de servidores refrigerados por aire; la industria se prepara para el salto técnico definitivo.

Natalia López Céspedes CHILE Data center
Natalia López Céspedes Gerente General Chile Data Centers – Chile Data centers

Hablando con Natalia López Céspedes, Gerente General de la Asociación Chile Data Center, sobre el tema, ésta reflexiona sobre cómo la IA está cambiando la lógica de diseño de los data centers de manera muy concreta. “Ya no basta con la arquitectura pensada para cargas de TI convencionales; ahora los modelos de entrenamiento e inferencia exigen racks de mucha mayor densidad energética, lo que obliga a repensar los sistemas eléctricos, de respaldo y, sobre todo, de enfriamiento”.

"Los nuevos proyectos en Chile ya se conciben bajo el estándar 'AI Ready'. Incorporan desde la génesis esquemas que combinan free cooling, liquid cooling y circuitos cerrados según la carga. La gran ventaja es que, a diferencia de mercados con parques más maduros, aquí estamos incorporando esta frontera tecnológica en una etapa muy temprana del desarrollo de la industria".

La paradoja de Atacama: Abundancia solar y el nudo de la red

A más de mil kilómetros al norte de las oficinas corporativas de Santiago, el desierto de Atacama ofrece un paisaje casi irreal: la radiación solar más alta del planeta cayendo sobre hectáreas de espejos fotovoltaicos. Es el gran motor limpio con el que Chile sueña alimentar su infraestructura digital. Sin embargo, en el mapa eléctrico chileno habita una paradoja: la energía sobra en el norte, pero se ahoga en el camino hacia el centro del país.

Esta incapacidad de la red de alta tensión para transportar toda la potencia generada ha provocado episodios recurrentes de vertimiento: gigavatios de energía limpia que se pierden porque las líneas de transmisión no dan abasto.

desierto atacama Chile energía solar
– Gettyimages

Ahí es donde los centros de datos han encontrado su nueva frontera. En lugar de esperar a que la red lleve los electrones hacia la capital, la infraestructura ha comenzado a mirar hacia la fuente. En el desierto, la firma Solaer ha desplegado un proyecto dedicado de 197 MW concebido exclusivamente para abastecer data centers. Al mismo tiempo, Grenergy ha encendido en suelo chileno una planta masiva de almacenamiento en baterías (BESS) de 3,5 GWh, dentro de una estrategia global de 3.700 millones de dólares destinada a darle continuidad de 24 horas a las cargas de cómputo intensivo.

Para la industria, esta demanda de consumo masivo y continuo no es un problema para la red, sino la clave de su solución. “Chile tiene una ventaja real en generación renovable, pero esa energía no siempre llega de forma eficiente a la Región Metropolitana", explica López Céspedes. "Los data centers representan una demanda continua y predecible que puede ayudar a viabilizar nuevos proyectos de transmisión y a reducir esos vertimientos si se planifica con la anticipación adecuada. El llamado que hacemos como gremio es avanzar hacia una planificación de la transmisión y distribución tan robusta como la que ya existe para la generación”.

El agua y la búsqueda de la licencia social

Si la energía es el sistema nervioso del data center, el agua ha sido, históricamente, su talón de Aquiles en la conversación pública. En un país que ha atravesado más de una década de sequía estructural, la mención de gigantescos complejos industriales consumiendo recursos hídricos para enfriar procesadores genera alarma social.

El año 2026 ha sido el momento en que la industria ha decidido abandonar la defensiva para respaldar su narrativa con datos. La comuna de Quilicura —uno de los corazones industriales de la capital— fue escenario de un hito revelador: se realizó una prueba técnica donde se detuvo el cómputo de IA por un día para auditar con exactitud el impacto hídrico real del complejo en las napas locales.

La conclusión de los técnicos disipó mitos, pero también dejó al descubierto la necesidad de establecer compromisos formales con la ciudadanía. La gremial Chile Data Centers formalizó su Decálogo de Sustentabilidad, una hoja de ruta para exigir que los proyectos nuevos nazcan sin dependencia del agua dulce, migrando hacia tecnologías de enfriamiento seco o de circuito cerrado.

"Buena parte de la resistencia en algunas comunidades nace de un déficit de información: hoy existen más mitos que datos sobre lo que realmente consume un data center", argumenta la líder gremial. "Hoy, las instalaciones que usan agua —que son una fracción del total— realizan solo una captura al inicio de su operación y la recirculan de manera permanente, reciclando cerca del 90% del recurso. Su consumo diario para otros usos es menor al de un hotel o un restaurante. Pero no nos quedamos ahí: el Decálogo prioriza tecnologías como free cooling y liquid cooling en circuito cerrado para reducir o eliminar el uso de agua desde el diseño del proyecto".

La encrucijada del Pacífico y el mapa del M&A

A la par de los retos de suelo, electrones y agua, la posición geográfica de Chile lo ha arrastrado al centro del tablero de la geopolítica mundial. El país ya no es solo un receptor de datos; es el cordón umbilical que busca unir a Sudamérica con el resto del globo.

Por un lado, el Cable Humboldt avanza en las profundidades del océano para convertirse en la primera autopista transpacífica que conectará directamente a Latinoamérica con Oceanía y Asia. Por el otro, la ciencia chilena proyecta el primer cable submarino hacia la Antártida, abriendo una ruta de datos inédita hacia el continente blanco.

Sin embargo, estar en el centro del mapa implica recibir los embates de la disputa entre las superpotencias. La creciente presencia de capitales tecnológicos asiáticos en la región derivó en la suspensión de proyectos de cables submarinos de origen chino tras presiones diplomáticas sobre la seguridad de las redes críticas. La soberanía digital de los datos se ha vuelto tan crucial como la arquitectura de los servidores.

Al mismo tiempo, el mercado corporativo interno vive su propio proceso de selección natural. Las alianzas para desplegar IA se multiplican —como la unión entre Cirion y Entel Digital en el data center SAN2—; los grandes grupos regionales reconfiguran sus fichas —con la entrada del Grupo Romero con el 49% del negocio de data centers de GTD—; las telcos aceleran su reestructuración —con la puja de Millicom por las operaciones de Telefónica Chile y el despliegue de 7.553 km de fibra de WOM—; y la infraestructura de torres encuentra respaldo en los 140 millones de dólares aportados por el BID a Torrecom.

Chile se consolida, pero lo hace bajo una metamorfosis en sus funciones: "La infraestructura que se está desplegando en Chile apunta, en esta etapa, principalmente a resolver necesidades de inferencia y procesamiento de baja latencia para la banca, el retail o la salud local y regional", puntualiza Natalia López. "El salto hacia el entrenamiento de modelos a gran escala, que exige muchísima más energía y clústeres de cómputo de otra dimensión, es una aspiración de más largo plazo. El camino natural es consolidar primero un hub robusto de inferencia y, desde ahí, construir las condiciones para atraer cargas de entrenamiento".

La 'permisología' y la batalla por el talento: La hoja de ruta 2026

Para que las proyecciones del Plan Nacional de Data Centers se hagan realidad —pasando de los 258 MW operativos actuales en 37 instalaciones a más de 625 MW en los próximos años con compromisos por 4.000 millones de dólares—, Chile debe resolver sus dos últimos nudos gordianos: la burocracia ambiental y el capital humano.

La palabra "permisología" se ha vuelto un término común en los pasillos ejecutivos de Santiago. La industria no cuestiona el rigor ambiental, sino la disparidad de criterios y la lentitud de los organismos públicos. En ese frente, la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales y la puesta en marcha de la plataforma SUPER se vislumbran como la gran promesa de agilización administrativa mediante el reconocimiento del silencio administrativo positivo y la unificación de trámites.

Pero tener los permisos y la energía no servirá de nada si no hay quién accione la palanca operativa de la infraestructura crítica.

"Hoy el país cuenta con 37 data centers operativos y proyecta duplicar su capacidad. Ese crecimiento exige perfiles especializados que hoy escasean: técnicos en sistemas eléctricos de alta potencia, climatización avanzada, ciberseguridad y automatización capaces de garantizar la continuidad de la red 24/7", enfatiza Natalia López Céspedes.

"Por eso, la labor de la Asociación está volcada en tres frentes: actualizar rápidamente las mallas curriculares con universidades e institutos, promover la reconversión de profesionales de sectores como telecomunicaciones o energía, e impulsar la incorporación del talento femenino en todas las etapas operativas. Chile tiene todo para ser el hub indiscutido de IA en la región, pero debemos actuar con celeridad institucional para que las inversiones sigan eligiendo a nuestro país".