Chile ha dado un nuevo paso para conectar la Antártida mediante fibra óptica submarina. El estudio de factibilidad impulsado por la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), con apoyo de CAF, ha definido dos alternativas de trazado, de entre 1.600 y más de 4.100 kilómetros, con inversiones estimadas de hasta US$621 millones.
El proyecto supone la evolución de una iniciativa que ya se anunció en 2025, cuando el consorcio formado por Salience y Pioneer Consulting fue seleccionado para estudiar la viabilidad técnica, económica, financiera y ambiental del denominado Cable Antártico.
El estudio fue impulsado por Subtel y CAF a partir de un convenio firmado en 2024, con una financiación de 2,2 millones de dólares para analizar las diferentes variables necesarias para llevar adelante el proyecto.
Dos alternativas de hasta 4.100 kilómetros
La primera opción contempla un cable de aproximadamente 1.600 kilómetros que conectaría Punta Arenas y Puerto Williams con tres bases chilenas en la península Antártica: Presidente Eduardo Frei Montalva, Bernardo O'Higgins y Arturo Prat. La inversión estimada para este trazado es de unos US$370 millones.
La segunda alternativa ampliaría considerablemente el alcance de la infraestructura, con un tendido de más de 4.100 kilómetros y una inversión estimada de US$621 millones. Además de las bases chilenas, permitiría conectar instalaciones de Estados Unidos, Reino Unido, Argentina y Brasil.
Entre ellas se encuentran Palmer, de Estados Unidos; Rothera, del Reino Unido; San Martín, Esperanza y Petrel, de Argentina, y Ferraz, de Brasil.
Esta segunda opción convertiría el proyecto en una infraestructura internacional de telecomunicaciones, con Chile como punto de entrada para conectar diferentes instalaciones científicas antárticas.
Fibra óptica para transportar grandes volúmenes de datos
La llegada de fibra óptica permitiría mejorar significativamente las comunicaciones de las bases antárticas, que dependen actualmente en gran medida de conexiones satelitales.
Una conexión submarina de alta capacidad facilitaría el envío de grandes volúmenes de datos científicos hacia Chile y otros centros de investigación, con aplicaciones en ámbitos como cambio climático, oceanografía, meteorología y biodiversidad.
También permitiría integrar las instalaciones antárticas en arquitecturas digitales más amplias y facilitar el acceso a servicios cloud y capacidades de procesamiento remoto.
La iniciativa se encuentra todavía en fase de planificación. El siguiente paso será determinar qué alternativa se desarrollará, definir el modelo de financiación y avanzar en los acuerdos necesarios con los países cuyas bases podrían quedar conectadas.
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