Durante años, vivir en la Amazonía peruana fue casi sinónimo de navegar a ciegas en lo digital: radioenlaces saturados, satélites de baja capacidad y una sensación permanente de periferia tecnológica. Entre 2013 y 2015, los proyectos públicos apostaron por enlaces de microondas que nacieron obsoletos, incapaces de sostener el "despegue" que prometían sobre el papel.
El punto de inflexión llegó en 2021, cuando el sector privado asumió un riesgo que hasta entonces nadie había querido correr: tender fibra óptica subfluvial siguiendo las arterias del Huallaga, Marañón, Amazonas y, más tarde, el Ucayali. Así nació Amazon Fiber, una red que hoy suma más de 2.500 kilómetros de fibra bajo el río y que se ha convertido, de facto, en la dorsal amazónica del país.
Del experimento al corredor amazónico
Alan Dionisio, Director Jurídico de Satelital Telecomunicaciones, recuerda que "el verdadero cambio llegó en 2021". Fue el sector privado el que asumió el riesgo de instalar fibra óptica subfluvial en las arterias de los ríos de la Amazonía.
La transformación se ha dado por fases. Según explica Dionisio, en la primera etapa de 2021 se cubrió el tramo Yurimaguas–Iquitos a través de los ríos Huallaga, Marañón y Amazonas, con más de 900 kilómetros de fibra óptica subfluvial. En 2023, la segunda fase empujó la frontera digital hasta la triple frontera —Leticia (Colombia), Tabatinga (Brasil) y Santa Rosa (Perú)— añadiendo otros 600 kilómetros de cable bajo el Amazonas y cerrando un corredor internacional antes inimaginable.
Más recientemente, ya en 2026, la tercera fase completó el enlace Pucallpa–Iquitos por el Ucayali, sumando alrededor de 1.000 kilómetros adicionales. En total, más de 2.500 kilómetros de fibra óptica subfluvial constituyen hoy la Red Dorsal de la Amazonía, tal como la describe Dionisio.
Ingeniería contra ríos meándricos
"Se piensa que el reto es solo poner un cable, pero en la Amazonía la ingeniería es casi una lucha contra la naturaleza meándrica de los ríos", señala Dionisio. Los ríos cambian de cauce, las crecidas pueden superar los 20 metros y las corrientes fuertes en ocasiones superan los 4 metros por segundo. La falta de visibilidad por sedimentos y la presencia de la minería ilegal fueron factores que exigieron estudios detallados para definir una ruta óptima del cable de fibra.
Los estudios previos identificaron zonas críticas —los famosos "malpasos"— en las que la recomendación técnica fue diseñar redundancias y rutas alternativas. "Realizamos una ruta alterna por el río Ucayali, conectando Pucallpa, Contamana, Requena, Nauta e Iquitos", indica Dionisio.
Pero el mayor obstáculo, según el directivo, no estuvo en el río sino en tierra: la burocracia. "Los mayores obstáculos fueron los permisos gubernamentales, ya que la burocracia no tenía precedentes para estos proyectos", asegura. "A pesar de todo, fue un reto titánico, y es un caso de éxito".
Una dorsal con sabor agridulce
Con la expansión de Amazon Fiber, Dionisio explica que poblaciones históricamente olvidadas han dado un salto gigante en su conectividad. "Sin embargo, hay un sabor agridulce: tenemos la infraestructura de transporte lista, pero el Gobierno sigue sin subirse a este tren". La red está ahí, pero todavía no se traduce en una conectividad real y masiva para escuelas, comisarías o centros de salud locales.
Las poblaciones ribereñas han avanzado en el cierre de brechas digitales, pero persiste la necesidad de invertir en capilaridad. "La manera más eficiente sería con espectro radioeléctrico, ya que la complejidad del territorio requiere una combinación tecnológica", apunta Dionisio.
La comparación regional ayuda a dimensionar el momento. "Colombia logró conectar Leticia en 2023 siguiendo nuestro modelo", indica, "mientras que el resto de su Amazonía sigue sufriendo con una señal satelital que se cae cada vez que hay una tormenta tropical". Brasil, por su parte, "tiene proyectos ambiciosos, pero su gran dolor de cabeza es el mantenimiento: de nada sirve tener fibra si, ante una ruptura, dejas a la gente desconectada meses por falta de respuesta técnica".
De la cola del banco al operativo policial
El impacto de Amazon Fiber se mide mejor en segundos que en kilómetros, y es aquí donde Dionisio aporta datos concretos desde la operación diaria. "Una institución financiera para realizar una transacción, normalmente no demora más de 5 segundos en la impresión", explica. "Cuando no había la conectividad por fibra óptica se demoraba entre 30 a 40 segundos, inclusive podía llegar hasta un minuto, dependiendo del tipo de transacción. Obviamente, las colas podían prolongarse".
El mismo inconveniente se presentaba en los servicios del propio Estado. "Para acceder a sus plataformas en temas de procesos de selección, en temas de compartir información financiera con las propias plataformas del Estado —SIAF, OSCE, RENIEC, SUNAT, entre otros—, había un Estado deficiente", indica Dionisio.
La seguridad ciudadana también se ha transformado. "Cuando un operativo policial de búsqueda de requisitoriados iba al lugar, pedían la identificación y hacían la consulta. Si era una persona que contaba con una orden de captura, no podían acceder a su base de datos: la página nunca cargaba", describe. "Ahora hacen un operativo con resultados eficientes que ha permitido encontrar personas que están requisitoriadas y que tenían que rendir cuentas a la justicia".
Fibra, espectro y edge amazónico
Con el crecimiento exponencial de tráfico de datos, "las redes de fibra óptica están jugando un rol crucial, proporcionando alta capacidad y velocidad", señala Dionisio. "En tiempos donde la Inteligencia Artificial se viene abriendo camino de manera firme, constante y demandante, la fibra óptica es uno de los insumos más importantes".
Sin embargo, aclara que "para el caso de la Amazonía, la fibra óptica es importante y crucial, pero la existencia de soluciones inalámbricas —radioenlace y/o satelital— es importante porque son tecnologías que se complementan muy bien, es decir, no son excluyentes". En la Amazonía, la fibra llega hasta donde es viable físicamente. Desde allí, los radioenlaces cubren tramos intermedios, y donde estos no llegan, entran las soluciones satelitales.
Este ecosistema tecnológico abre la puerta a lo que Dionisio identifica como un punto clave: el Edge Computing o los centros de datos locales. "Hasta ahora, hablar de esto en la selva era ciencia ficción porque no había estabilidad. Con la fibra, ya podemos pensar en procesar datos en Iquitos o Pucallpa sin tener que viajar hasta Lima", afirma. "Esto cambiaría todo, desde la telemedicina hasta el monitoreo ambiental en tiempo real".
Pero la brecha ya no es solo de infraestructura. "Ante este suceso, se presenta otro gran reto a superar: el analfabetismo digital, en el que normalmente están las personas mayores, principalmente los de la tercera edad", indica Dionisio.
Lo que falta: capilaridad, espectro y voluntad política
"Para los próximos años, el hito clave es lograr la capilaridad del servicio, acercando la conectividad al usuario final", señala Dionisio. "Esto requiere el uso de espectro radioeléctrico, ya que el acceso es un derecho fundamental reconocido incluso en la Constitución reformada en 2020".
El directivo advierte que "el sector público tiene procesos propios, por lo que cerrar la brecha tomará tiempo, a menos que se implementen medidas como asignación de espectro, espacios públicos de acceso digital o programas específicos replicados de otras regiones".
"La infraestructura está lista, ahora falta la voluntad política para que esa fibra llegue finalmente al ciudadano que más lo necesita", concluye Dionisio.
Nota: Este artículo es una continuación del reportaje "Conectando el pulmón del mundo", donde se analizó el panorama general de la conectividad en la Amazonía.
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