El pasado 28 de abril, como ya es sabido, se produjo el primer apagón peninsular. No quiero entrar al detalle en las causas que provocaron tal situación. Son los especialistas en la materia quienes conocen cómo se gestiona la red y de qué modo ha de comportarse ante una situación crítica. Para lo cual han de invertir el tiempo necesario que les permita alcanzar conclusiones fiables y poner en marcha planes de acción que eviten que un nuevo apagón de tal magnitud vuelva a repetirse.

Me sorprende que, tras el apagón, muchos técnicos e incluso otros que no lo son ya sabían que el talón de Aquiles de nuestra red de distribución y transporte era la gran aportación de energías renovables al mix energético peninsular.

Es probable que ese discurso se haya quedado un poco amortiguado por la gran ventaja económica que trajo consigo dicha aportación, de suerte que en ningún momento anterior se produjera incidente alguno.

Quizás el apagón sufrido resulte ser el revulsivo que necesitamos para darnos cuenta de que, en el sistema eléctrico, las modificaciones de importancia al mix energético peninsular influyen en las necesidades de la red a nivel de protección y control de esta. Nadie duda que la generación renovable (solar, eólica), según está planteada en la actualidad, tiene unas características particulares distintas a los sistemas de generación tradicionales. Por todo ello el porcentaje de aportación de las primeras puede influir en el comportamiento dinámico ante la respuesta a varias perturbaciones producidas en cadena.

Porque no nos engañemos, las perturbaciones en la red existieron, existen y seguirán existiendo. Es inherente al tipo de infraestructura que nos trata. Recordemos que TODA la energía eléctrica que estamos consumiendo, se está generando en este mismo momento. Dicha peculiaridad, que no la tenemos en otro tipo de energía (no consumimos el combustible que se está generando en este mismo momento, ni quemamos el gas que se está produciendo en este mismo momento, etc.…) obliga a realizar predicciones precisas de la demanda, así como una gestión eficaz y eficiente de la generación. Todo ello gracias, principalmente, a un control minucioso y automatizado del conjunto de plantas de generación conectadas a la red eléctrica.

Una vez que tenemos claro que de una manera u otra las perturbaciones en la red no se van a poder eliminar del todo, las personas que velan por que el sistema esté siempre operativo necesitan que la red sea suficientemente resiliente para que facilite su recuperación frente a las perturbaciones que en todo momento se detecten.

Y repito, no estoy analizando las causas del apagón producido. Estoy opinando que si TODO el mundo sabía que existía un problema de adaptación entre el mix de generación y la red de protección y control es porque en realidad ese tema es digno de considerar y se tiene que abordar, sea o no la causa del pasado apagón.

Las tecnologías que favorecen el incremento de la aportación de energías renovables (solar, eólica) se conocen y están en continua evolución. IQUORD como empresa especializada en la implementación de soluciones Plug & Play para el sector eléctrico ha participado en proyectos que han posibilitado la comparación de distintas tecnologías enfocadas a la estabilización de la red. Como por ejemplo el proyecto STORE en el que implementamos en un contenedor un volante de inercia de 0.5Mw de potencia y 18Mw de almacenamiento. Diseñado para aportar inercia y potencia activa para la regulación primaria, además de conseguir una estabilización de la frecuencia de la red de la isla de La Gomera. Dicho equipamiento se instaló en el 2013 y permitió comparar esta tecnología con sistemas de almacenamiento con baterías y con ultra-condensadores en entornos reales de explotación.

O como en 2017 en el que participamos en la instalación de un parque de almacenamiento que posibilitó la no dependencia de grupos diesel de la isla St. Eustatius en el caribe, consumiendo a partir de ese momento toda su electricidad de fuente renovable procedente de plantas fotovoltaicas. En ese mismo año implementamos una solución de almacenamiento en UK, instalada en las proximidades de una subestación, cuya función principal es amortiguar las bajadas de tensión de la red, aportando la energía almacenada para dicha estabilización.

En otros países como Australia han evolucionado proyectos de almacenamiento puro para la estabilización de la red a proyectos en los que dicho almacenamiento aporta inercia sintética a través de la tecnología grid forming.

Los sistemas de baterías, gracias a su rápida respuesta y a la energía que podemos almacenar en ellas es el complemento ideal a los inversores que implementan tecnología grid forming (generando y apoyando la red existente aportando inercia sintética por sí mismos sin la necesidad de una señal de referencia exterior) e incluso pueden reiniciar la red si dichos inversores implementan la tecnología black-start (una vez generada la red se podrían acoplar otros modos de generación, facilitando la recuperación de la red).

Otro punto para tener en cuenta es la predicción en la generación de las renovables (solar, eólica). Existen sistemas de predicción de generación a partir de imágenes tomadas de la nubosidad próxima a plantas, sistemas de predicción local aplicando algoritmos a los datos en tiempo real de los vientos predominantes, etc.… Todas esas herramientas tienen que añadirse a la gestión de la producción a tiempo real. Si tenemos una generación que varía en función de las condiciones climáticas locales, debemos conocer en todo momento cómo nos afecta a la producción.

En la actualidad, en determinadas franjas horarias se está limitando la producción de energía renovable de origen fotovoltaico, la cual se podría almacenar en parques de baterías y volcar a la red cuando fuera necesario o incluso algunos parques de almacenamiento podrían dedicarse a labores de regulación primaria pudiendo dar estabilidad y resiliencia a la red.

Todo esto y mucho más es posible si abordamos el problema con orden y rigor:

  1. Analizando técnicamente los puntos débiles presentes y futuros en función de hacia dónde queramos llevar nuestro mix energético.
  2. Creando un marco legal y regulatorio que permita definir con claridad objetivos específicos y luego diseñando regulaciones que los apoyen, asegurando que el marco sea flexible y adaptativo a los cambios.
  3. Generando las sinergias necesarias entre el sector público y privado para que los objetivos se puedan conseguir.
  4. Manteniendo el buen estado de la infraestructura. De nada sirve tener un mix energético competitivo si dejamos que las instalaciones se degraden o no evolucionen para dar cabida a los nuevos requisitos.

Resumiendo, si no somos capaces de sacar nada en claro de este incidente habremos perdido una gran oportunidad para mejorar y el derecho de quejarnos, si por un casual, tenemos el mismo resultado en el futuro.