La transición hacia una economía impulsada por la inteligencia artificial no depende únicamente de nuevos centros de datos o de procesadores más potentes. También exige una red eléctrica más robusta y mejor conectada. En ese contexto, la interconexión submarina entre España y Francia a través del Golfo de Vizcaya se perfila como una de las infraestructuras energéticas más relevantes para el futuro digital europeo.
El proyecto, valorado en cerca de 3.000 millones de euros, conectará las redes eléctricas de ambos países mediante dos enlaces submarinos de corriente continua de alta tensión (HVDC), incrementando significativamente la capacidad de intercambio energético entre la península ibérica y el resto del continente. La iniciativa está impulsada por Red Eléctrica y su homóloga francesa RTE, con apoyo de la Unión Europea.
Tras meses de estudios técnicos, los promotores han logrado resolver uno de los principales desafíos del proyecto: el paso por zonas del lecho marino con elevada presencia de bentonita, una arcilla con propiedades expansivas que complicaba el soterramiento del cable. La solución adoptada permite mantener el calendario previsto para una infraestructura considerada estratégica tanto para la seguridad energética como para la competitividad digital de Europa.
España gana peso como plataforma energética y digital
La nueva conexión también refuerza el posicionamiento de España como uno de los principales destinos europeos para el desarrollo de centros de datos. El país combina una elevada disponibilidad de energías renovables, una extensa red de cables submarinos de telecomunicaciones y un mercado en plena expansión para infraestructuras de IA.
Sin embargo, el crecimiento del sector depende cada vez más de la capacidad de transportar energía allí donde se necesita. La saturación de numerosos nodos eléctricos en mercados tradicionales ha convertido las redes de transporte en un cuello de botella para nuevos desarrollos.
La interconexión del Golfo de Vizcaya contribuirá a aliviar esa presión al aumentar la capacidad de intercambio con Europa y facilitar un sistema eléctrico más flexible. Para Francia, supondrá además acceder a una mayor cantidad de energía renovable procedente de la península, mientras que España reforzará su papel como exportador energético y como plataforma para nuevas inversiones tecnológicas.
A medida que la inteligencia artificial redefine las necesidades de computación, proyectos como este evidencian que la carrera por liderar la infraestructura digital no se libra únicamente en los centros de datos. También se decide bajo el mar, en las redes eléctricas y en las grandes infraestructuras capaces de garantizar la energía que demandará la próxima generación de servicios digitales.
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