La Comisión Europea ha propuesto crear un sistema común de clasificación para los centros de datos de la UE que permita medir y comparar su consumo de energía y agua, así como su impacto sobre las redes eléctricas.

La iniciativa forma parte de un nuevo paquete de medidas para mejorar la eficiencia energética de estas infraestructuras, en un contexto de crecimiento de la demanda asociado al despliegue de inteligencia artificial. La clasificación se aplicará a instalaciones con una capacidad superior a 500 kW.

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, ha defendido que el aumento de la capacidad de centros de datos no puede traducirse en una presión equivalente sobre las redes eléctricas, el agua y los costes energéticos. “Todo comienza con la transparencia”, señaló Ribera al presentar la iniciativa.

Energía, agua y relación con la red

La futura etiqueta no se limitará a reflejar cuánta electricidad consume cada instalación. Según explican desde Bruselas, el sistema tendrá en cuenta tres dimensiones principales: rendimiento energético, eficiencia hídrica y fuentes de suministro.

También incorporará indicadores sobre aspectos como los acuerdos de compra de energía renovable, las garantías de origen, la generación limpia adicional y la capacidad del centro para adaptar su demanda a las condiciones de la red.

La Comisión quiere introducir así una visión más amplia de la infraestructura, que tenga en cuenta no solo el consumo de recursos sino también la capacidad de los centros de datos para integrarse en el sistema energético.

Otro de los indicadores será el aprovechamiento del calor residual. Según las estimaciones comunitarias, reutilizar aproximadamente la mitad del calor residual generado actualmente por los centros de datos europeos podría cubrir la demanda de calefacción de unos cuatro millones de hogares.

El nuevo sistema también permitirá comparar el uso de agua de los centros de datos mediante indicadores de eficiencia hídrica.

Un aspecto destacado es que la clasificación se centra en el agua dulce. De esta forma, un centro que utilice agua marina para sus sistemas de refrigeración podría aparecer con un consumo de agua dulce de cero. La Comisión reconoce, no obstante, que la refrigeración mediante agua marina presenta mayores exigencias de mantenimiento.

Primeras etiquetas a partir de 2027

La propuesta deberá pasar ahora por un periodo de dos meses de revisión por parte del Parlamento Europeo y el Consejo. Estos podrán presentar objeciones, pero no modificar el texto de la propuesta.

Si supera este trámite, Bruselas prevé que las primeras etiquetas de sostenibilidad comiencen a utilizarse en 2027 y que el sistema sea revisado por primera vez a finales de 2028.