Telefónica cerró 2025 con unas pérdidas netas atribuidas de 4.318 millones de euros, golpeada por el impacto extraordinario de su repliegue en Hispanoamérica y por el último Expediente de Regulación de Empleo (ERE) acometido en España. La cifra contrasta con los 49 millones de números rojos de 2024 y se sitúa como el segundo peor resultado de su historia, solo por detrás de 2002.
Sin embargo, el negocio subyacente muestra una foto muy distinta: sin estos impactos contables, la teleco habría obtenido un beneficio ajustado de en torno a 2.100 millones de euros y ha logrado avanzar en ingresos, generación de caja y desapalancamiento.
Salida de Hispanoamérica y ajuste de plantilla
El grueso del resultado negativo procede de dos grandes bloques. Por un lado, las desinversiones y minusvalías asociadas a la salida ordenada del segmento Telefónica Hispanoamérica (Hispam) —que agrupaba los negocios de la operadora en la región, excepto Brasil— suponen alrededor de 2.269 millones de euros. La compañía ha ido vendiendo filiales en mercados como Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Uruguay o Colombia, en el marco del plan de saneamiento y reorientación estratégica liderado por Marc Murtra, con el objetivo de reducir exposición a divisas volátiles, presión regulatoria y bajos retornos.
Por otro lado, el ERE en España, que afecta a las tres grandes filiales del grupo en el país, ha implicado provisiones de entre 2.000 y 2.100 millones de euros, asociadas a salidas 100% voluntarias tras más de 5.000 solicitudes recibidas. Este recorte de plantilla se enmarca en la transformación del modelo operativo de Telefónica, que avanza hacia estructuras más ligeras y negocios de mayor valor añadido, apoyados en fibra, 5G y servicios digitales.
Ingresos al alza y mejor año en España desde 2008
Pese al impacto extraordinario en la última línea de la cuenta de resultados, Telefónica incrementó sus ingresos hasta unos 35.120 millones de euros en 2025, lo que supone un crecimiento de alrededor del 1,5% frente al ejercicio anterior. El beneficio neto ajustado de las unidades que permanecen en el perímetro —España, Reino Unido, Alemania y Brasil— se sitúa en torno a 2.100 millones, evidenciando que el negocio recurrente mantiene tracción positiva.
Telefónica España ha protagonizado uno de los hitos del año: por primera vez desde 2008 presenta simultáneamente crecimiento en ingresos, resultado operativo (EBITDA) y flujo de caja. Los ingresos en el mercado doméstico avanzaron algo más del 1%, hasta rozar los 13.000 millones, mientras que el EBITDA superó los 4.600 millones y la caja operativa creció por encima del 2%, apoyada en la consolidación de la fibra, el despliegue 5G y los servicios convergentes.
La compañía también ha seguido reduciendo deuda financiera neta, que baja en torno a 1.400–1.500 millones de euros en el año, hasta situarse por debajo de los 27.000 millones, mejorando su perfil de apalancamiento y capacidad de inversión futura.
Giro estratégico y foco en infraestructura y servicios digitales
El saneamiento del perímetro y la salida de activos menos rentables en Hispanoamérica encajan con una estrategia de concentración en mercados core y en infraestructuras críticas —fibra, redes móviles de nueva generación y centros de datos— como soporte de servicios digitales y cloud. En el ámbito de data centers, Telefónica lleva más de una década transformando su arquitectura hacia modelos definidos por software y fuertemente integrados con la nube. Ya en 2018, Telefónica España desplegó, junto a Nuage Networks (Nokia), una infraestructura SDN para convertir sus centros de datos en SDDC, automatizar la conectividad, mejorar la agilidad del aprovisionamiento y habilitar interconexión de nubes híbridas entre sus data centers privados y proveedores públicos.
En paralelo, la operadora ha impulsado propuestas de cloud empresarial como su Virtual Data Center (VDC), que permite a clientes corporativos consumir recursos virtuales bajo demanda sin necesidad de gestionar infraestructura física propia, apoyándose en plataformas tecnológicas de socios como Cisco e Intel. Este tipo de servicios se alinean con el reposicionamiento de Telefónica hacia soluciones de mayor valor, en un contexto de presión sobre los márgenes tradicionales de conectividad y fuerte competencia en fibra y móvil.
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