El pasado 28 de abril de 2025, España y Portugal sufrieron un apagón en su red eléctrica que mantuvo al territorio durante varias horas a oscuras. Ahora ENTSO-E acaba de publicar el informe final del panel de expertos sobre el apagón según el cual, se dibuja un escenario complejo en el que no existe una causa única, sino una combinación de fallos técnicos, limitaciones operativas y condiciones estructurales del sistema eléctrico. Un análisis que, lejos de cerrar el debate, reabre cuestiones clave sobre la resiliencia de la red en un contexto de creciente penetración renovable y transformación del mix energético.

Según el documento, el colapso se produjo en apenas 84 segundos, durante los cuales una sucesión de eventos críticos —incrementos rápidos de tensión, oscilaciones en la red y desconexiones automáticas— derivaron en una caída en cascada del sistema ibérico.

Una “tormenta perfecta” técnica

Las conclusiones del panel coinciden en señalar un fenómeno de sobretensión como elemento central del incidente, agravado por la incapacidad del sistema para absorber y gestionar adecuadamente la potencia reactiva en tiempo real.

El informe identifica varios factores concurrentes:

  • Oscilaciones previas en la red que alteraron su estabilidad.
  • Desconexiones de generación, algunas de ellas prematuras o fuera de los parámetros esperados.
  • Limitaciones en el control dinámico de tensión.
  • Respuestas insuficientes tanto de generación convencional como renovable.
  • Dependencia excesiva de mecanismos manuales en elementos críticos como reactancias.

Tal como señalan los expertos, la combinación de estos elementos generó una reacción en cadena: el aumento de tensión provocó desconexiones automáticas, lo que a su vez redujo la capacidad del sistema para estabilizarse, amplificando el problema hasta el colapso total.

Un sistema que operaba cerca de sus límites

Uno de los aspectos más críticos del análisis es la constatación de que el sistema eléctrico operaba con márgenes de estabilidad reducidos. La creciente presencia de generación renovable —especialmente solar y eólica—, combinada con menor inercia mecánica, habría contribuido a aumentar la sensibilidad de la red ante perturbaciones.

Además, varios análisis coinciden en que existían limitaciones regulatorias y operativas que afectaban a la capacidad de respuesta:

  • Parte de las plantas renovables operaban con configuraciones de factor de potencia poco flexibles.
  • Algunas centrales convencionales no cumplían de forma consistente con los requisitos de soporte de potencia reactiva.
  • Los sistemas de control de tensión dependían en exceso de intervención manual en lugar de automatización.

El resultado fue un sistema que, aunque funcional en condiciones normales, carecía de robustez suficiente para absorber una perturbación rápida y sostenida.

Desconexiones en cascada y pérdida de sincronismo

El apagón se desencadenó cuando el sistema perdió sincronismo con el resto de Europa, tras una secuencia de desconexiones en cadena. En ese momento, la red ibérica quedó aislada y colapsó en su totalidad.

El informe subraya que los mecanismos automáticos de protección sí se activaron, pero no fueron suficientes para contener la dinámica del evento. La rapidez de los cambios superó la capacidad de reacción tanto de los sistemas automáticos como de los operadores.

Coincidencias con otras investigaciones

Las conclusiones de ENTSO-E son coherentes con otros informes y análisis publicados en España, que también apuntan a un origen multifactorial del apagón. Tanto investigaciones institucionales como sectoriales coinciden en varios puntos clave:

  • No hubo evidencia de ciberataque.
  • El origen fue técnico y estructural, no político ni externo.
  • La combinación de fallos operativos, regulatorios y de diseño del sistema fue determinante.

Algunos análisis adicionales señalan incluso problemas de visibilidad del sistema por parte del operador, especialmente en lo relativo a la generación distribuida, lo que habría dificultado una respuesta coordinada ante el incidente.

Impacto económico y medidas posteriores

El apagón tuvo un impacto significativo en la economía, con interrupciones en transporte, industria y servicios esenciales, además de costes asociados a la reposición del suministro y a las restricciones posteriores en la operación del sistema.

Tras el incidente, el operador del sistema adoptó medidas extraordinarias de operación, incluyendo el refuerzo del uso de centrales convencionales y la limitación de ciertas fuentes renovables, lo que ha derivado en costes adicionales y en un aumento de los vertidos de energía.

Un punto de inflexión para el sistema eléctrico europeo

Más allá del caso ibérico, el informe de ENTSO-E pone de relieve un desafío sistémico para toda Europa: cómo adaptar las redes eléctricas a un modelo con alta penetración renovable, menor inercia y mayor complejidad operativa.

Entre las principales lecciones destacan:

  • La necesidad de reforzar el control dinámico de tensión.
  • La importancia de automatizar la gestión de elementos críticos.
  • La integración activa de las energías renovables en funciones de soporte del sistema.
  • El refuerzo de la planificación y coordinación entre operadores.
  • La mejora de la resiliencia frente a eventos de alta velocidad y baja previsibilidad.

Conclusión

El apagón del 28 de abril de 2025 no fue un fallo aislado, sino el resultado de una cadena de debilidades acumuladas en un sistema en transición. El informe de ENTSO-E no solo reconstruye los hechos, sino que expone las tensiones inherentes a un modelo eléctrico en evolución.

La gran incógnita que deja sobre la mesa es si las redes actuales están evolucionando al mismo ritmo que la transformación energética que están llamadas a soportar. Porque, como demuestra este incidente, unos pocos segundos pueden ser suficientes para poner a prueba —y en este caso superar— los límites del sistema.