Los centros de datos se están rediseñando desde dentro. A medida que las arquitecturas de red migran a 400 Gbps, 800 Gbps y niveles aún mayores para soportar las cargas de trabajo de la inteligencia artificial, la infraestructura física ha dejado de ser un simple detalle operativo y ahora condiciona directamente la eficiencia y la fiabilidad de las instalaciones. Este fue el contexto de una mesa redonda organizada por DCD, en la que participaron James Davis, director sénior de aplicaciones de Fluke Networks, y Eduardo Pereira, director de conectividad de Ascenty, y que moderó Ana Ribeiro, directora de contenidos de DCD.

La conversación partió de una pregunta provocadora: ¿no estará el sector subestimando el riesgo de que la infraestructura física se convierta en el principal punto débil de los centros de datos modernos, a pesar de toda la sofisticación de las capas de red y de la automatización? Para Davis, la capa física suele cargar con la culpa de fallos que, en realidad, tienen otras causas, pero eso no significa que se pueda bajar la guardia a la hora de cuidarla. Al contrario: con el aumento de la densidad de conexiones, también crece la presión para optimizar el espacio físico, ya que cada metro cuadrado ocupado por el cableado supone un coste directo en refrigeración y energía eléctrica. La densidad, según él, es hoy en día una respuesta a esta ecuación económica, no solo una cuestión de ingeniería.

Centros de datos diseñados para la IA frente a infraestructura heredada

Uno de los puntos centrales del debate fue la diferencia entre los centros de datos concebidos desde su diseño para cargas de inteligencia artificial y las instalaciones heredadas adaptadas a esta nueva realidad. Según Eduardo Pereira, la principal preocupación en estos entornos es la densidad computacional, extremadamente alta, y la sensibilidad a la latencia en la comunicación entre los equipos. A esto se suma la ya conocida presión energética: el espacio físico dedicado a la conectividad es cada vez más escaso precisamente porque aumenta la demanda de potencia energética por rack, y la estructura de refrigeración líquida pasa a competir por el espacio con una cantidad cada vez mayor de componentes.

Pereira señaló que las cargas de trabajo de IA tienden a buscar proximidad física entre sí, lo que impone una densidad de fibras mucho mayor en espacios más reducidos. Si antes un centro de datos tradicional gestionaba miles de conexiones, los entornos orientados a la IA ya operan con decenas o cientos de miles de conexiones, un salto de escala que exige replantearse tanto la arquitectura como los procesos de instalación y mantenimiento. Davis complementó este razonamiento recordando que esta búsqueda de proximidad y baja latencia se ve hoy facilitada por conectores de mayor densidad, lo que rediseña la topología de las redes internas de los centros de datos.

Los criterios de prueba se vuelven más estrictos con los conectores de alta densidad

En entornos de 400G y 800G, el margen de error en la instalación se ha reducido significativamente. Las prácticas que antes se consideraban aceptables en términos de instalación y validación ya no garantizan la fiabilidad que exigen estas arquitecturas. Ante la creciente adopción de conectores de factor de forma reducido y alta densidad, el panel debatió qué criterios deben guiar la validación, las pruebas y la aceptación de la infraestructura antes de su puesta en producción.

Eduardo Augusto Pereira
Eduardo Pereira, Ascenty

Davis reconoció que existe una presión constante para poner los sistemas en funcionamiento rápidamente, lo que a menudo lleva a los equipos a saltarse etapas de medición con la excusa de la falta de tiempo. En la práctica, saltarse estas etapas acaba saliendo más caro más adelante, cuando hay que localizar fallos que ya se han producido en producción. Explicó que medir conectores de alta densidad sigue la misma lógica que medir fibras individuales: comprobar la continuidad y garantizar que la cantidad de luz que sale por un extremo sea suficiente, solo que ahora en volúmenes mucho mayores. Otro factor mencionado fue la migración a la fibra monomodo en los centros de datos más recientes, que ofrece una mayor capacidad de transmisión, pero encarece los transceptores encargados de convertir las señales eléctricas en señales ópticas. Para reducir este coste, el mercado ha adoptado estándares como 400G y 800G Base-FR o Base-DR, que utilizan fibras ópticas de menor coste, pero con un margen de pérdida óptica más estrecho, lo que exige aún más rigor en la instalación para garantizar que llegue suficiente luz a su destino.

La mesa redonda también abordó el equilibrio entre la innovación tecnológica y las decisiones de infraestructura que deben perdurar durante años. Davis relató el caso de un cliente que defendía conectar equipos de GPU punto a punto, con el argumento de que menos conectores implican menos riesgo. Su recomendación fue justo la contraria: apostar por el cableado estructurado, ya que las conexiones punto a punto tienden a generar cables más largos y numerosos, lo que sobrecarga los conductos y dificulta los cambios futuros. Con el cableado estructurado, es posible utilizar cables de mayor capacidad y facilitar la gestión de la red a lo largo del tiempo, un argumento que, según él, ha convencido incluso a clientes que en un principio se mostraban reacios a seguir las normas del sector.

Limpieza, contaminación y el riesgo de la densidad

Otro tema recurrente fue el cuidado con la limpieza de los conectores ópticos. Davis recordó que la fibra es, en esencia, vidrio y que cualquier suciedad en la superficie de contacto compromete el paso de la luz. Los conectores de fibra única, como el SC, tienen una superficie de contacto curva y una menor área expuesta a la contaminación. Por su parte, los conectores de tipo MPO, cada vez más utilizados en entornos de alta densidad, tienen una superficie de contacto mayor y, por lo tanto, son más susceptibles al polvo y a los residuos, lo que exige una atención redoblada durante la propia construcción del centro de datos. Davis citó el ejemplo de una obra en el sur de Estados Unidos, en la que la instalación de las fibras ópticas se llevó a cabo antes de que el sistema de climatización estuviera listo, en un entorno cálido y con grandes ventiladores que esparcían polvo por toda la obra, un escenario que refuerza la necesidad de mantener las fundas protectoras sobre los conectores hasta el momento de la conexión final.

James Davis
James Davis, Fluke

En cuanto a la evolución de las herramientas de prueba y certificación, Davis explicó que los procedimientos básicos no han cambiado: inspección visual, medición de la pérdida de inserción y, cuando es necesario, uso de reflectómetros para localizar fallos a lo largo de la fibra. Lo que ha cambiado es la escala. En lugar de medir una fibra cada vez, los equipos ahora necesitan equipos capaces de medir varias fibras simultáneamente: 12, 16 o 24 a la vez, ya que los conectores de alta densidad concentran decenas de fibras en un único punto físico.

El factor humano sigue siendo una variable crítica

A pesar de los avances tecnológicos, el panel destacó que el factor humano sigue siendo determinante para la fiabilidad de los entornos. Con conectores cada vez más pequeños y densos, crece la necesidad de formación técnica especializada. Davis señaló que el sector se enfrenta hoy a un doble reto: ampliar rápidamente la plantilla y, al mismo tiempo, garantizar que los nuevos profesionales estén cualificados para manejar las tecnologías específicas de cada fabricante. Según él, cada vez es más habitual que los usuarios finales exijan que los técnicos encargados de la instalación cuenten con certificación en los sistemas de conectividad utilizados, como forma de garantizar, incluso a distancia, que el personal sobre el terreno tenga un conocimiento mínimo del equipo.

Eduardo Pereira subrayó que la formación siempre ha sido un factor esencial en el manejo de conectores sensibles, pero que el problema se ha vuelto más crítico con el aumento de la densidad y la escala de las instalaciones. Según él, la necesidad de reponer mano de obra especializada es hoy urgente, y el sector depende cada vez más de las colaboraciones con proveedores de equipos y tecnologías de prueba para acelerar la certificación de nuevos profesionales y estandarizar los procesos entre equipos con diferentes niveles de experiencia. Para Pereira, se trata de una preocupación que ya no es exclusiva del ámbito óptico, sino que afecta a todas las disciplinas implicadas en el funcionamiento actual de los centros de datos.

Lo que está por venir: menos variedad de conectores y más escalabilidad

Al final de la mesa redonda, se invitó a ambos ejecutivos a señalar la decisión más importante en materia de infraestructura física para los responsables de los centros de datos en los próximos cinco años. Para Davis, el camino pasa por la consolidación en torno a un número menor de estándares de conectores, citando el avance del formato MMC como ejemplo de simplificación, y el compromiso de instalar la infraestructura correctamente desde el principio, ya que las fibras bien instaladas hoy en día tienen el potencial de soportar múltiples generaciones de velocidad, desde 400G hasta 1,6T o incluso 3,2T, a lo largo de los próximos años. Advirtió contra la tentación de saltarse etapas de inspección y certificación en aras de la rapidez de entrega, ya que los errores de instalación tienden a manifestarse de forma crónica a lo largo de la vida útil de la red.

Para Pereira, la prioridad es la escalabilidad. Recordó que, hace diez o quince años, los cables con más de un centenar de fibras ópticas parecían una exageración para el mercado y hoy en día son la norma. La recomendación es que el sector siga planteándose soluciones de cableado con margen de crecimiento, anticipándose a la próxima oleada de demanda de densidad y capacidad en los próximos cinco años.