En febrero de 2026 se inició la recuperación del TAT‑8 cerca de Portugal. Este cable de fibra óptica, pionero en el enlace transatlántico entre EE. UU. y Europa, marcó el inicio de la era de Internet hace casi 40 años. Su retirada no es solo una operación de reciclaje industrial; es una metáfora perfecta de un cambio de era, en el que España pasa de ser un mero punto de paso a disputar un papel central como nodo de referencia en el Atlántico y el Mediterráneo. TAT‑8 fue la prueba de concepto que encendió la mecha. Su retirada, casi cuatro décadas después, funciona como una metáfora perfecta: el progreso tecnológico no solo se construye; también se desmonta, se recicla y deja espacio para lo siguiente.

Telefónica fue una de las operadoras que participó en el consorcio del TAT‑8, y desde esa experiencia temprana extrae una lección que sigue vigente hoy. “La lección aprendida es que la vida útil de los cables submarinos es prolongada y tiene que atender la evolución de la demanda durante todo este período, por lo que ha de buscarse un equilibrio entre inversión y capacidad que garantice la operatividad del cable de la forma más rentable posible”, explican desde la compañía española. Esa tensión entre CAPEX inicial, demanda futura y flexibilidad tecnológica se ha convertido en el hilo conductor de cuatro décadas de ingeniería submarina.​

Hoy, donde antes se hablaba de unos pocos centenares de megabits, el salto generacional es abismal. “El salto desde los primeros cables de fibra como TAT‑8 hasta los actuales sistemas de ultra‑capacidad es enorme. Hoy hablamos de infraestructuras capaces de transportar decenas de terabits por segundo por par de fibra y de redes diseñadas para escalar a petabits”, comenta Alex Ramoneda, Business Development Strategy de AFR‑IX telecom. Ese salto no es solo cuantitativo: también ha cambiado el mapa geopolítico de la conectividad, la forma en la que se monitorizan y gestionan estas infraestructuras críticas y el peso que tienen países como España en la soberanía digital de Europa.

La operación de retirada del TAT‑8 ilustra la parte menos visible de este ecosistema. “La retirada del TAT‑8 no se parece a un final ceremonial. Es una logística dura: barcos especializados, planificación milimétrica y trabajo físico constante”, describen crónicas recientes. En el puerto de Leixões, a las afueras de Oporto, el buque MV Maasvliet llegó a descargar más de 1.000 kilómetros de cable en una sola rotación, liberando rutas ya probadas para futuros sistemas y recuperando acero, cobre y polímeros valiosos para su reutilización industrial. Es un recordatorio de que el Internet global no flota en una nube abstracta, sino que se apoya en “gigantes invisibles” instalados —y ahora también desmantelados— a golpe de gancho, robot submarino y tripulaciones altamente especializadas.​

cables submarinos españa
Cables submarinos que conectan España – submarinecablemap

De TAT‑8 a la constelación de cables de petabits

El contraste entre aquel TAT‑8 y la generación actual de sistemas que tocan las costas españolas es el punto de partida de este reportaje. Tras la retirada del pionero transatlántico, la Península y los archipiélagos están rodeados por una constelación de cables que hablan otro idioma: decenas de terabits por par de fibra, latencias ultra‑bajas y diseños preparados para dar servicio al auge del cloud y la Inteligencia Artificial.

Telefónica identifica en este periodo un salto disruptivo muy concreto. “El salto tecnológico más disruptivo en lo que respecta a cables submarinos transoceánicos ha sido la utilización de amplificadores ópticos dentro de los repetidores submarinos. En la época del TAT‑8 los repetidores contenían regeneradores, que debían convertir la señal óptica en eléctrica. Los repetidores actuales son completamente ópticos, y por lo tanto transparentes al tipo de modulación o codificación utilizada en los equipos terminales”, señalan. Esto permite “cambiar los equipos que iluminan la fibra submarina por otros de una nueva generación varias veces a lo largo de la vida útil de un sistema de cable submarino transoceánico (25 años típicamente)”.​

En los sistemas sin repetidores, la ecuación es aún más favorable: “Sólo contienen fibra entre los extremos (sin ningún tipo de amplificador), lo que permite prolongar su vida útil mucho más allá de los 25 años, incluso”, subraya Telefónica. La consecuencia práctica es que una misma infraestructura húmeda puede acompañar varias generaciones de electrónica de línea y escalar capacidad a lo largo de dos o tres décadas sin necesidad de levantar de nuevo el lecho marino.​

Ramoneda subraya que “además de la capacidad técnica de los cables, se ha mejorado en su monitorización”. Infraestructuras como Barcelona Cable Landing Station, operada por AFR‑IX, permiten monitorizar y gestionar estos sistemas críticos las 24 horas del día, reforzando la resiliencia de la red global y conectando directamente con un ecosistema creciente de centros de datos en Cataluña. Frente a los primeros cables consorciados, con modelos de gobernanza cerrados, la nueva generación apuesta por arquitecturas abiertas, mayor redundancia y estándares de seguridad más avanzados.

La evolución es igual de evidente en el modelo de despliegue. “Actualmente, los cables submarinos cuentan con arquitecturas abiertas, mayor capacidad, redundancia integrada y estándares de seguridad mucho más avanzados. La soberanía digital ya no depende solo de tener acceso a un cable, sino de disponer de múltiples rutas, puntos de amarre estratégicos y capacidad propia de gestión”, explica Rubén Molowny, consejero delegado de Canalink. El caso canario ilustra bien ese cambio: de depender de un puñado de conexiones vulnerables a consolidar una red en anillo, redundada y con visión de hub atlántico.

España, de “puente” a hub de hubs

España se ha acostumbrado a definirse como “puente” entre continentes, pero los actores del sector empiezan a hablar de algo más ambicioso. “España se presenta como una gran oportunidad debido a su posicionamiento como puente entre Europa, África y América con infraestructuras clave y el desembarco de cables submarinos de fibra óptica”, apunta Ramoneda. Esa posición se ha reforzado con la llegada de sistemas de nueva generación como 2Africa, Medusa, MAREA, Grace Hopper, Equiano, Nuvem, EllaLink, EIG, Orval o Anjana, que convierten las costas españolas en un cruce de caminos de la economía de los datos.​

Para Telxius, brazo de infraestructuras de Telefónica, esa geografía se ha traducido en una estrategia deliberada. “Gracias a sus conexiones de cables submarinos y a su posición geográfica privilegiada que enlaza el Atlántico, el Norte de África y Europa, y que además proporciona acceso al Mediterráneo, España tiene el potencial de convertirse en un importante hub europeo de conectividad”, explican. A ello se suma que “España ofrece acceso a mercados emergentes y desarrollados con un entorno empresarial estable, abierto y favorable”.​

Madrid se ha convertido en la pieza terrestre que articula ese papel. “Madrid cuenta con puntos de intercambio, centros de datos, regiones cloud y conexiones con los principales cables submarinos de la Península Ibérica a través de Bilbao y Lisboa, y con conectividad hacia los principales centros de datos europeos”, señalan desde Telxius. La compañía reivindica haber liderado “un esfuerzo para aprovechar la posición privilegiada de España y convertirla en el hub de comunicaciones del sur de Europa”.​

Aunque España contaba ya con “la infraestructura de telecomunicaciones líder en Europa”, le faltaba conectividad global a la altura de ese músculo interno. Esa brecha empezó a cerrarse en 2018, cuando Telxius impulsó la construcción de Marea junto con Microsoft y Meta. “Marea es un cable submarino de nueva generación que pusimos en servicio en 2018, con una de las mayores capacidades de transporte de Europa en ese momento, y la latencia más baja en la conexión del sur de Europa con EE. UU.”, recuerdan. Desde entonces “se han construido o anunciado más de siete nuevos sistemas de cables para conectar España con diferentes geografías, poniendo de relieve una oportunidad que Telxius identificó antes que muchos otros actores”.​

La ruta transatlántica en la que opera Marea es una de las más concurridas del planeta. Por eso, “al poco de lanzar Marea, Telxius se unió a Dunant, otro cable transatlántico de nueva generación que junto con Marea ofrece una ruta transatlántica diversa, de alta capacidad”. Ambos “ofrecen una de las rutas con menor latencia y mayor capacidad a nivel global, y además se encuentra más al sur que otros cables del Atlántico Norte”. El resultado es una malla que conecta directamente Ashburn, Richmond y Virginia Beach con París, Madrid, Londres, Fráncfort, Ámsterdam, Düsseldorf, Marsella, Barcelona y Derio (Bilbao), “ofreciendo conectividad directa a algunas de las mayores concentraciones de centros de datos del mundo y a hubs clave de conectividad”.​

Algunos de los nuevos sistemas que consolidan esta posición, como 2Africa o Medloop, se conectan directamente a Barcelona Cable Landing Station, “una infraestructura que tiene un peso decisivo en el mercado de los data centers que se instalan en Barcelona”. Otros, como MAREA —con 6.605 kilómetros entre Bilbao y Virginia Beach— o Grace Hopper —7.191 kilómetros entre Estados Unidos, Reino Unido y el País Vasco— han situado al norte peninsular en el mapa de la resiliencia transatlántica. A ellos se suman los proyectos en marcha: “Entre los sistemas anunciados, destacan Nuvem de Google, que conectará Portugal con las Bermudas y Estados Unidos, y Anjana de Meta, que unirá España con Estados Unidos”, recoge el Observatorio Canario de Telecomunicaciones.​

El resultado es un país que empieza a competir de tú a tú con el eje FLAP (Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París) en la carrera por atraer regiones cloud e inversiones de hyperscalers. “Por otra parte, los cables Equiano y Grace Hopper de Google; EIG de un gran consorcio de empresas; Nuvem de Google; EllaLink; Orval de Algerie Telecom; Anjana de Meta; Marea de Telxius, o el propio Medusa de AFR‑IX telecom, contribuyen a generar un escenario óptimo para la proliferación de nuevos centros de datos en la península ibérica”, señala Ramoneda. De hecho, no descarta un cambio de acrónimo: “Quizá las siglas FLAP‑D sean sustituidas pronto por FLAP‑DEP: Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París, Dublín, España y Portugal”.

Canarias: el laboratorio de la soberanía digital atlántica

En este mapa, Canarias ha dejado de ser un extremo periférico para convertirse en pieza clave de la soberanía digital atlántica. “En este contexto, actualmente Canarias es eminentemente un puente porque su posición geoestratégica en el Atlántico la convierte en un punto natural de interconexión entre Europa, África y América”, resume Molowny. La ambición, sin embargo, es ir más allá de ese rol de tránsito: “Recientemente, nuestro objetivo es que se consolide como destino final, o al menos un lugar donde se pueda procesar y generar cada vez más datos”.

La red de Canalink, operador neutro de cables submarinos propiedad del Cabildo de Tenerife, articula este discurso con infraestructura. “Nuestra red, especialmente la nacional, la que nos conecta con la península, cobra una importancia clave ya que al tratarse de un archipiélago, es nuestra conexión con España, y al fin y al cabo con Europa”, explica. Esa red combina una ruta nacional perfectamente redundada hacia la Península con cables interinsulares que han contribuido a liberalizar las telecomunicaciones en Canarias, y conexiones internacionales que enlazan las islas con países de la costa oeste africana.

“A diferencia de otros territorios como Casablanca o Dakar, Canarias ofrece estabilidad jurídica europea, seguridad física, baja latencia hacia la Península y África occidental, y un entorno regulatorio alineado con la normativa comunitaria”, señala Molowny al ser preguntado por la ventaja competitiva real de aterrizar un cable bajo gestión de Canalink. La compañía insiste en su neutralidad y en su “estrategia orientada a convertir el archipiélago en un hub digital internacional”, lo que refuerza la idea de Canarias como nodo de tránsito y de destino simultáneamente.

En términos de capacidad, los números empiezan a ser relevantes. “Nuestros sistemas actuales operan con tecnologías de última generación y actualmente estamos gestionando una capacidad aproximada de 7000 Gb”, detalla el consejero delegado. Canalink está preparada para provisionar servicios de alta capacidad “hasta 400 Gbps, con una capacidad máxima por par de fibras de unos 12 Tbps”, y calcula que su red puede soportar “un crecimiento de 5 veces la capacidad actual”, gracias a un “esfuerzo continuo por mejorar la red y modernizarla tanto con nuevos cables como renovando los equipamientos de los actuales para poder incorporar tecnología de última generación”.

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Mapa de red de Canalink – Canalink

En paralelo, Telefónica trabaja en el despliegue de PENCAN‑X, la nueva generación de la columna vertebral que une las islas con la Península. “Las elevadas prestaciones de conectividad y disponibilidad que ofrecerá este nuevo cable submarino permitirán la instalación en Canarias de empresas que operen en el ámbito de la computación masiva, computación en la nube, big data, inteligencia artificial, IoT y realidad virtual”, explican desde Telefónica España. No se trata solo de traer infraestructuras y centros de proceso de datos, sino también “plataformas y servicios digitales” que anclen la economía del dato en el archipiélago.​

La operadora subraya además que la revolución digital está “generando un incremento global del tráfico de datos que circula por las redes de transporte de los operadores”, y que “la gestión eficiente y la escalabilidad de este tráfico sólo serán sostenibles si se evoluciona a arquitecturas distribuidas que acerquen los nodos de inteligencia de red y de distribución de contenidos a los usuarios”. En Canarias, este proceso de descentralización de las redes de distribución de contenidos (CDN) se verá impulsado gracias a las altas capacidades de red que ofrece este nuevo cable submarino. PENCAN‑X, concluyen, “se convertirá en un proyecto tractor para el desarrollo de nuevos servicios y aplicaciones digitales”, impulsando a Canarias como “nodo tricontinental para el desarrollo de nuevos negocios digitales” y como “hub de innovación, de comercio electrónico y de transferencia de conocimiento entre Europa, África y América”.​

Redundancia, vida útil y resiliencia: gestión de un servicio crítico

Para un archipiélago, el cable submarino no es solo un negocio mayorista: es un servicio crítico equiparable al suministro eléctrico o al transporte aéreo. “Para el archipiélago, la redundancia no es opcional, es imprescindible”, sentencia Molowny. Canalink ha construido su red sobre “múltiples rutas submarinas y terrestres, anillos cerrados y unidades de bifurcación que permiten redirigir el tráfico en caso de incidencia”, acompañadas de “protocolos de monitorización continua, acuerdos internacionales de reparación y planes de contingencia que reducen al mínimo los tiempos de respuesta ante cualquier eventualidad en el lecho marino”.

La vida útil de los sistemas también ha evolucionado. “Para los cables con repetidores que se instalaron al principio como los que desplegamos actualmente, la vida útil estimada es de 25 años. Los cables sin repetidores, sin embargo, tienen una vida estimada mucho más larga, superando los 30 años”, explica. Telefónica coincide en esa horquilla y refuerza el matiz: en los sistemas sin repetidores, el límite lo marca más la obsolescencia de los equipos terminales que la propia fibra. “Nuestros cables están construidos con materiales de última generación. En lo que a protección se refiere, cuentan con varias capas de armado que los aíslan de las agresiones provenientes del entorno en el que están instalados, como el rozamiento o la actividad pesquera”, añade Molowny.

La comparación con generaciones anteriores es elocuente. Los cables anteriores como el TAT también disponían de armado, pero su diseño y materiales dieléctricos eran de menor calidad disminuyendo su vida útil estimada máxima. En la práctica, esto se traduce en menos incidencias, menores costes de mantenimiento y mayores garantías para los servicios que dependen de estas infraestructuras, desde la banca digital hasta los servicios en la nube.

Donde aterriza el cable, surge el data center

Existe una frase que resume bien la relación entre el mundo submarino y la nube: allí donde llega el cable, surge el dato. “Los cables submarinos y los centros de datos forman un ecosistema inseparable. Allí donde aterriza un cable con gran capacidad y baja latencia, se generan condiciones óptimas para el desarrollo de infraestructuras cloud y de procesamiento de datos”, apunta Ramoneda. Las estaciones de amarre —Barcelona Cable Landing Station, las infraestructuras de Canalink o los puntos de llegada de MAREA y Grace Hopper en el Cantábrico— actúan como nodos donde se engancha la carretera submarina con la “fábrica” de la economía digital.

“Las estaciones de aterrizaje, como Barcelona Cable Landing Station, actúan como nodos que conectan las redes internacionales con los centros de datos terrestres. Esta proximidad reduce la latencia y mejora la resiliencia de las conexiones, factores clave para que regiones como Madrid o Aragón se consoliden como hubs digitales en el sur de Europa”, explica AFR‑IX. Desde Spain DC, la asociación de data centers, Begoña Villacís, directora ejecutiva, pone el acento en esa visión integrada: la idea es “elevar el reportaje desde el cable (la ‘carretera’) hasta el centro de datos (la ‘fábrica’ de la economía digital)” para obtener “una visión macro de cómo España está compitiendo para ser el Hub del sur de Europa”.

El impacto territorial de estos puntos de aterrizaje se traduce en nuevos polos tecnológicos más allá de Madrid. “Más allá de Madrid, estamos viendo proyectos masivos en Aragón, Barcelona, Valencia o Extremadura. ¿Cómo influyen los puntos de aterrizaje de cables submarinos en la creación de estos nuevos polos tecnológicos regionales?”, plantea Villacís. La respuesta del sector es clara: una vez que una zona se asegura un enlace de alta capacidad y latencia competitiva, la probabilidad de que se instalen allí grandes campus de datos aumenta de forma exponencial.

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– Getty Images

Soberanía de datos: el cable como herramienta geopolítica

En un contexto en el que la soberanía digital europea se ha convertido en prioridad estratégica, la geografía de los cables suma una dimensión política. “La soberanía digital ya no depende solo de tener acceso a un cable, sino de disponer de múltiples rutas, puntos de amarre estratégicos y capacidad propia de gestión”, subraya Molowny. La directora ejecutiva de Spain DC plantea la cuestión en términos similares: “En un contexto donde la soberanía digital europea es prioritaria, ¿qué papel juegan los centros de datos españoles y su conexión directa con EE. UU. y África para garantizar la seguridad y autonomía de los datos de la UE?”.

La respuesta pasa por una combinación de infraestructura física y capacidad de gobernanza. Disponer de cables que conectan directamente con Estados Unidos (MAREA, Grace Hopper, Anjana, Nuvem) y con África (2Africa, Equiano, Medusa, EllaLink y las rutas de Canalink hacia la costa occidental africana) permite a España reducir dependencias de rutas más saturadas o vulnerables y posicionarse como nodo de referencia para el tráfico intraeuropeo y euroafricano. Esa multiplicidad de rutas también reduce el riesgo de “single points of failure” en escenarios de crisis.

La relación con los centros de datos es directa. Una red densa de cables submarinos, combinada con la presencia de data centers de última generación, fortalece la capacidad de almacenar, procesar y proteger datos en territorio de la UE, alineada con el marco regulatorio comunitario. En este sentido, tanto AFR‑IX como Canalink insisten en la importancia de la neutralidad de acceso, la estabilidad regulatoria y la participación de actores públicos —como el Cabildo de Tenerife— en la gobernanza de estas infraestructuras críticas.

IA, energía y talento: ¿dónde está el cuello de botella?

Mientras el mapa de cables se densifica, el reto se desplaza hacia otros cuellos de botella. “La expansión de la inteligencia artificial, el cloud y el vídeo en streaming está multiplicando la demanda de tráfico de datos. Para responder a este crecimiento, se necesitan nuevas infraestructuras de alta capacidad y baja latencia”, reconoce Ramoneda. Sistemas como Medusa, con miles de kilómetros de cable y múltiples pares de fibra de alta capacidad, “están diseñados precisamente para anticipar esta demanda y escalar en el tiempo”, dentro de redes redundantes que garanticen la resiliencia.

Canalink ofrece una visión complementaria desde la escala regional. “La respuesta es que sí. La red de Canalink está preparada para provisionar servicios de alta capacidad, hasta 400 Gbps, con una capacidad máxima por par de fibras de unos 12 Tbps”, asegura Molowny. La compañía tiene en cuenta este futuro aumento de la demanda y afirma que los cables de Canalink pueden soportar un crecimiento de 5 veces la capacidad actual, gracias a un “esfuerzo continuo por mejorar la red y modernizarla tanto con nuevos cables como renovando los equipamientos de los actuales para poder incorporar tecnología de última generación”.

El problema, coinciden los actores, es que la infraestructura de transmisión ya no es el único factor limitante. Spain DC pone el foco en la energía: “La IA está multiplicando la demanda eléctrica. ¿Cómo está trabajando SpainDC con el Gobierno y Red Eléctrica para asegurar que la capacidad de red crezca al mismo ritmo que la llegada de nuevos cables y la construcción de centros?”. La pregunta refleja una preocupación creciente: la de que el cuello de botella deje de estar bajo el mar para situarse en subestaciones, líneas de alta tensión y licencias de conexión a la red.

El otro gran desafío es el talento. Ramoneda recuerda que “el gran reto actual es hacer frente a la escasez de talento digital”. Cita el estudio “Anatomía de la brecha de talento tecnológico” de DigitalES, que reveló “una brecha sin precedentes entre talento y oferta de empleo en el momento en el que la pandemia aceleró la digitalización y llegó a multiplicar por 10 las vacantes tecnológicas entre 2019 y 2022”. A día de hoy, se estima que todavía existe un déficit de 1,39 millones de especialistas TIC en España para alcanzar los objetivos de la Década Digital de Europa. En el ámbito de los cables submarinos y los centros de datos, ese déficit se traduce en falta de perfiles para diseñar, operar y mantener infraestructuras cada vez más complejas.

Impacto económico, efecto multiplicador y empleo local

Más allá de los bits, la infraestructura submarina tiene un impacto directo en la economía local. “La infraestructura submarina genera un impacto directo en la economía local al atraer centros de datos, operadores y empresas tecnológicas, además de impulsar la innovación y el empleo cualificado”, destaca Ramoneda. Canalink lo ve de forma similar desde el territorio: “Los cables submarinos son la base invisible que permite atraer centros de datos, empresas tecnológicas, servicios digitales avanzados y proyectos de innovación. Cada mejora en resiliencia y capacidad incrementa la competitividad del archipiélago”, afirma Molowny.

Ese impacto se traduce en nuevas oportunidades laborales y empresariales. “Esto se traduce en empleo cualificado, en oportunidades para startups locales y en mayor autonomía económica”, añade el consejero delegado de Canalink. Spain DC se interesa especialmente por el “efecto multiplicador”: “Por cada euro invertido en un cable submarino que llega a España, ¿cuánto se estima que genera en inversión indirecta en centros de datos y servicios digitales?”. Aunque la respuesta cuantitativa aún se está afinando, el sector coincide en que el retorno se mide no solo en CAPEX de data centers, sino en capas de servicios, innovación y atracción de empresas de software, ciberseguridad o contenidos.

Sostenibilidad y nuevos usos: del impacto al “sensorizado” del océano

El despliegue de cables submarinos plantea, inevitablemente, preguntas sobre su impacto en ecosistemas marinos protegidos. Canalink reconoce que “el despliegue de cables afecta a ecosistemas marinos protegidos” y explica cómo gestiona ese equilibrio. “Cada despliegue implica estudios detallados del fondo marino, análisis ambiental, coordinación con autoridades competentes y selección de trazados que minimicen el impacto en ecosistemas sensibles”, detallan desde la compañía. Una vez instalado, “el cable submarino, una vez instalado, tiene una huella ambiental muy reducida. Nuestro compromiso es compatibilizar desarrollo digital y sostenibilidad, siguiendo estándares europeos y aplicando criterios técnicos que priorizan la protección del entorno marino”.

AFR‑IX coincide en que “el despliegue de cables se realiza tras estudios de impacto exhaustivos y con rutas cuidadosamente planificadas para minimizar la afección al entorno marino”. Pero la sostenibilidad no se limita a mitigar impactos: la propia infraestructura puede convertirse en herramienta para observar y proteger el océano. Canalink destaca un proyecto emblemático: “Nos gustaría destacar que somos una empresa que apuesta por la innovación e investigación, y prueba de ello es un nuevo proyecto llamado ATLAS, que consiste en la aplicación de unos sensores acústicos (DAS) en nuestros cables submarinos que le darán un nuevo uso a nuestros cables, siendo ahora además, una herramienta para la detección y monitorización del fondo marino”.

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– AFR-IX

Esta iniciativa, “liderada por PLOCAN y en la que participarán universidades europeas”, ha sido financiada por el programa Interreg Atlantic y “permitirá desde detectar cetáceos, mapear el ruido submarino hasta emitir alertas tempranas de terremotos en el mar”. El mensaje es claro: la red que transporta datos puede convertirse también en una especie de “red de sensores” distribuida por el fondo marino, aportando inteligencia ambiental a escala atlántica.

Telxius explora en paralelo esta vía con el proyecto SAFE. “En Telxius creemos que las infraestructuras digitales pueden y deben tener un impacto positivo más allá de la conectividad”, afirman. La compañía colabora “poniendo nuestra red de cable submarino al servicio de causas tan relevantes como la detección temprana de terremotos y la protección del medio marino”, mediante tecnología DAS instalada sobre cables ya existentes. Un ejemplo es su participación en SAFE, “un proyecto piloto para la detección temprana de movimientos sísmicos mediante tecnología DAS (Detección Acústica Distribuida) instalada sobre cables submarinos ya existentes”, coordinado por la Universidad de Alcalá y financiado con fondos de la UE.​

Telxius utiliza para ello el cable Est‑Tet (Estepona‑Tetuán), “un sistema sin repetidores que permite que, ante un evento sísmico, la señal viaje a máxima velocidad y facilite una alerta prácticamente inmediata”. La compañía también participa en iniciativas de divulgación como el documental Preparados para el Tsunami, en el que “nuestro entonces CEO, Mario Martín, explica el papel estratégico de nuestras infraestructuras en las comunicaciones globales”, mientras que expertos de operaciones detallan el potencial de DAS como herramienta de alerta temprana. “Estamos convencidos de que proyectos como SAFE demuestran el enorme potencial de los cables submarinos no solo para conectar países, sino también para contribuir de forma muy directa al avance del conocimiento, a la seguridad de las personas y al bienestar de la sociedad”, concluyen.​

Hiperscalers y operadores: una nueva división del trabajo

La irrupción de los hyperscalers como propietarios de sus propios cables ha reconfigurado la cadena de valor, pero no ha eliminado el papel de los operadores tradicionales. “En un contexto donde los hyperscalers están impulsando gran parte de la evolución del ecosistema digital global, la colaboración entre operadores de telecomunicaciones y estos gigantes tecnológicos es clave”, señalan desde Telxius. Como proveedor de conectividad e infraestructura de cable submarino, la compañía trabaja “constantemente para desarrollar y reforzar nuestra red con el objetivo de atender de la mejor manera las necesidades de todos nuestros clientes, entre los cuales los hyperscalers ocupan un lugar importante”.​

“Los hyperscalers no solo están transformando el mercado de la infraestructura de telecomunicaciones, sino que se han convertido en socios de gran valor dentro del ecosistema TIC”, añaden. Para Telxius, esto supone “una oportunidad única para colaborar y aportar nuestra amplia experiencia en redes submarinas, servicios de Colocation y Landing services, para así construir juntos infraestructuras que permitan el crecimiento exponencial del tráfico de datos que ya se está produciendo”.​

Esa colaboración ya es tangible: “Telxius ha trabajado con Google en infraestructuras clave como Grace Hopper, Junior, Tannat y Firmina, y con Meta y Microsoft en el despliegue de Marea”. Son proyectos que “refuerzan la conectividad internacional de España y que permiten que iniciativas estratégicas como las regiones Cloud en Madrid o Aragón sean viables, robustas y competitivas”.​

En última instancia, la transformación digital y la adopción acelerada de la nube dependen de redes y hubs digitales “resilientes, seguros y capaces de escalar al ritmo de la demanda global”. Telxius cita datos de Fortune Business Insights: “el mercado mundial de cloud computing alcanzará los 791.480 millones de dólares en 2028, con una tasa media de crecimiento anual del 17,9%”. Para que ese crecimiento sea sostenible, la colaboración entre operadores e hyperscalers es esencial, con un enfoque centrado en “acompañar el éxito a largo plazo de nuestros clientes, independientemente de cómo evolucionen sus necesidades, y en seguir posicionando a España como un nodo digital de referencia en Europa y el mundo”.​

España ante su década submarina

La retirada del TAT‑8 cierra un ciclo y abre otro. El cable que inauguró la era de la fibra transatlántica se está reciclando para dejar espacio a nuevos sistemas, al mismo tiempo que España consolida un papel inédito como punto de encuentro entre el Atlántico, el Mediterráneo y la fachada africana. En apenas una década, la Península y los archipiélagos han pasado de depender de unos pocos tendidos consorciados a articular una constelación de cables —MAREA, Dunant, Grace Hopper, 2Africa, Medusa, EllaLink, Equiano, Nuvem, Anjana, las rutas de Canalink, los PENCAN de Telefónica— que redefinen su peso geopolítico, económico y tecnológico.

Sobre esa capa física se están construyendo nuevas promesas y nuevos riesgos. Promesas, porque la llegada masiva de capacidad y la baja latencia han catalizado regiones cloud, campus de datos y polos digitales en Madrid, Aragón, Barcelona, Valencia, Canarias o Extremadura, con un efecto multiplicador en empleo cualificado, innovación y atracción de inversión. Riesgos, porque la IA tensiona la disponibilidad de energía y talento, la soberanía digital europea exige redundancia y control sobre los flujos de datos, y el despliegue de infraestructuras en el mar obliga a compatibilizar conectividad y protección de los ecosistemas.

La respuesta del sector apunta a una misma dirección. Desde Telxius y Telefónica hasta AFR‑IX, Canalink o los operadores de centros de datos agrupados en Spain DC, el consenso es que España tiene una ventana de oportunidad para convertirse en el gran hub digital del sur de Europa si sabe coordinar estas piezas: cables de ultra‑capacidad, estaciones de amarre neutras, redes eléctricas robustas, regulación predecible y talento suficiente para diseñar, operar y mantener esta nueva infraestructura crítica.