El jueves 23 de julio acudí a la oficina de la empresa de memorias y almacenamiento Kingston, situada en la zona sur de São Paulo, para participar en una reunión en la que los ejecutivos de la compañía expusieron su visión sobre el mercado de los centros de datos en Brasil y detallaron cómo se está posicionando el fabricante estadounidense en este segmento. En la reunión participaron Paulo Vizaco, director nacional de Kingston y director de comercio electrónico para Latinoamérica; Christian Micuci, director comercial de Kingston Brasil; e Iuri Santos, director de Tecnología de la empresa (realicé una entrevista exclusiva con Iuri, que resultó muy interesante; también se incluye aquí, en el reportaje).

Vizaco inició la conversación destacando algunas características de Kingston poco conocidas por el público en general: se trata de una empresa de capital cerrado, propiedad de dos socios, que el año que viene cumplirá 40 años de existencia y que, en Brasil, está a punto de cumplir tres décadas de actividad, con una oficina física en el país. También destacó que la empresa cuenta con el sello RA 1000 en «Reclame Aqui» y que, según él, es el único fabricante del sector que cuenta con esta certificación de reputación. La empresa opera en diferentes frentes de negocio: canal de distribución, OEM, memorias integradas (embedded), con un enfoque reforzado este año, y el segmento de empresa y centros de datos, eje central de la conversación con la prensa.

La infraestructura que hay detrás de la nube

Iuri Santos se encargó de detallar los elementos que sustentan, en la práctica, la infraestructura de inteligencia artificial que hoy domina el debate tecnológico. Según el ejecutivo, detrás de cualquier aplicación de IA en la nube existe una cadena de factores físicos que comienza por la disponibilidad de energía estable y, en el caso de Brasil, predominantemente limpia y renovable, lo que sitúa al país en una posición ventajosa frente a otros mercados. Como contrapunto, Santos citó la situación en Estados Unidos, donde las comunidades locales se han resistido a la instalación de nuevos centros de datos por temor a un aumento en las facturas de energía, presionando para que se adopten soluciones autosostenibles.

A continuación en la cadena se encuentran los propios centros de datos, que, en Brasil, se benefician de la disponibilidad de terrenos y de energía renovable, un factor que, según el ejecutivo, se ha convertido en un criterio decisivo para la financiación de nuevos proyectos, a medida que los inversores empiezan a exigir criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) para inyectar capital. También mencionó la posición estratégica del país en la ruta de los cables submarinos, con participación en una red de unos 150 000 kilómetros de extensión, lo que ayuda a reducir la latencia que hoy en día se ve penalizada por el uso de servidores ubicados fuera del territorio nacional.

Santos completó el panorama citando la red de transmisión eléctrica, que debe adaptarse al crecimiento de la capacidad instalada sin sobrecargar la red que abastece a la población, y la refrigeración, un ámbito en el que el mercado global está pasando de la refrigeración por aire a soluciones de refrigeración líquida. Para el ejecutivo, el debate en el sector ha dejado de girar en torno a quién fabrica los chips y ahora se centra en quién produce o tiene acceso a la energía necesaria para abastecer a los centros de datos, lo que hoy en día se considera una ventaja competitiva.

Para poner en perspectiva esta demanda, los ejecutivos presentaron una comparación global: cada gigavatio de capacidad equivale, aproximadamente, al consumo de una ciudad de dos millones de habitantes. A esto hay que añadir que la inversión conjunta de las grandes empresas de inteligencia artificial en infraestructura se estima, solo este año, en más de un billón de dólares (5 billones de reales).

Brasil como centro regional: cifras y ventajas

En este contexto, Brasil se perfila, según los ejecutivos, como líder absoluto en América Latina. Las previsiones presentadas apuntan a una capacidad instalada superior a 13 GW en el país hasta 2035, con inversiones estimadas de entre 400 000 millones y casi 700 000 millones de reales, además de un potencial de creación de 230 000 puestos de trabajo fijos en el sector. Christian Micuci añadió que estas oportunidades también implican la transferencia de tecnología y la formación de profesionales brasileños, mediante el intercambio de conocimientos con especialistas traídos al país.

Entre los puntos fuertes de Brasil enumerados por los ejecutivos se encuentran la estabilidad geológica, la posición estratégica con respecto a los cables submarinos, la neutralidad política frente a los conflictos internacionales y una oferta de fibra óptica que supera a la de la mayoría de los competidores regionales. En cuanto a las debilidades, se destacó la necesidad de una mayor seguridad jurídica y normativa para las inversiones que, en el caso de los centros de datos, suelen tener un horizonte de rentabilidad de unos diez años, además de los obstáculos fiscales y burocráticos en la importación de equipos, esto último en comparación con México, cuya proximidad geográfica a Estados Unidos facilita la logística de importación. La reforma fiscal, cuya entrada en vigor está prevista para enero de 2027, se señaló como un factor que debería aportar más estabilidad y competitividad al sector en el país.

Al ser preguntados por los principales obstáculos que impiden a Kingston aprovechar las oportunidades que se abren en el país, los ejecutivos señalaron, en primer lugar, la necesidad de educar al mercado. Según Christian Micuci, muchos clientes conocen la marca Kingston únicamente por sus productos de consumo, como las memorias USB, sin saber que la empresa también desarrolla componentes específicos para servidores y centros de datos, lo que exige un trabajo constante de acercamiento a los ingenieros de grandes clientes corporativos, como los bancos, para presentarles las tecnologías y productos ya desarrollados por el fabricante para este segmento.

El segundo reto mencionado fue la cuestión fiscal, que afecta directamente a la competitividad de los productos importados y exige un trabajo conjunto con los canales de importación y distribución para poder ofrecer precios atractivos. El tercer punto planteado fue la disponibilidad de producto en medio de la crisis del mercado mundial de semiconductores. Según los ejecutivos, a diferencia de otros fabricantes que optaron por concentrar la oferta en el segmento de la inteligencia artificial, Kingston mantiene como decisión estratégica dar prioridad al abastecimiento del canal de distribución tradicional, incluso subvencionando parte de los aumentos de costes repercutidos por los fabricantes de semiconductores para no trasladar íntegramente la variación al mercado. Esta postura, afirman, está directamente ligada a la naturaleza de la empresa como sociedad de capital cerrado: sin la presión de los accionistas por los resultados trimestrales, Kingston puede optar por mantener el canal de distribución abastecido y competitivo, aunque ello signifique renunciar a márgenes más elevados que podrían obtenerse vendiendo prioritariamente al mercado de la inteligencia artificial.

De la nube al borde: dónde entran en juego los componentes de Kingston

Desde un punto de vista técnico, Iuri Santos subrayó que la memoria y el almacenamiento son componentes vitales, y no secundarios, de toda la cadena de infraestructura de IA. Según él, las unidades de procesamiento como las GPU, NPU, CPU o TPU son interdependientes de la memoria y el almacenamiento, lo que convierte a Kingston en una parte estructural de este ecosistema, aunque la empresa no se encuentre en el centro del debate público sobre la inteligencia artificial.

Santos describió el mercado brasileño de centros de datos como una cadena larga y fragmentada, con diferentes niveles de clientes, desde hiperescala hasta operaciones de coubicación, que a menudo no se comunican entre sí, a diferencia de lo que ocurre en mercados más maduros, donde la relación entre proveedores e integradores tiende a ser más directa y proactiva. También llamó la atención sobre el crecimiento de la computación en el borde (edge computing), citando como ejemplo hipotético una empresa de reciclaje que necesita una respuesta en tiempo real de un sistema de cámaras para identificar materiales en la línea de producción, un escenario que no admite la latencia que supone recurrir al procesamiento en un centro de datos lejano y que, según él, ilustra por qué Brasil debería asistir a la proliferación de centros de datos más pequeños y distribuidos en los próximos años.

Aproveché para preguntarle hasta dónde puede llegar la velocidad de expansión de la infraestructura de inteligencia artificial. Iuri Santos afirmó creer que el sector aún se encuentra en una fase inicial, comparando el momento actual con la transición del mundo analógico al digital, con la llegada de Internet, un cambio que, en su opinión, tuvo un impacto aún menor que la transformación que se está produciendo con la IA. Para el ejecutivo, la peculiaridad de esta revolución es que se retroalimenta: cuanto mejor es la inteligencia artificial, más rápido evoluciona, y cuanto más rápido evoluciona, más infraestructura llega a requerir.

Santos trazió a colación un paralelismo histórico con la aviación, cuyo rápido desarrollo en el siglo pasado estuvo asociado a conflictos bélicos, y señaló que la inteligencia artificial también está siendo incorporada como herramienta militar por diferentes naciones, lo que tiende a acelerar aún más las inversiones en el sector. Para él, el límite de esta expansión no es tecnológico, sino de recursos naturales, es decir, energía y espacio, lo que ya lleva a parte del mercado a debatir, aunque de forma especulativa, la exploración espacial como futura frontera para la infraestructura informática. Como referencia de escala, los ejecutivos citaron la evolución de la inversión global de las grandes empresas de inteligencia artificial: de unos 50 000 a 90 000 millones de dólares (de 253 000 a 455 400 millones de reales) hace dos o tres años, a aproximadamente 300 000 millones de dólares (1,5 billones de reales) el año pasado, y en torno a 1 billón de dólares este año.

El consumo cae, el sector empresarial crece

Christian Micuci también comentó los efectos de la actual escasez de semiconductores en el mercado de consumo, mencionando una caída significativa en las ventas de unidades, aunque no necesariamente en la facturación, en el canal minorista, debido al traspaso de los aumentos de precio. Según él, ante este panorama, Kingston ha dirigido esfuerzos adicionales hacia los canales B2B, incluidos los de centros de datos, el sector empresarial y los sistemas integrados, ya que las empresas, a diferencia del consumidor final, no tienen la opción de posponer la compra de equipos esenciales para su funcionamiento.

Los ejecutivos subrayaron que esta reasignación de esfuerzos comerciales no supone un abandono del canal minorista, sino más bien un reequilibrio natural ante la caída momentánea de la demanda en este segmento. También subrayaron que Kingston negocia activamente con los fabricantes de semiconductores para garantizar una cuota de productos más básicos, dirigidos a la población en general, evitando que la oferta global se destine por completo a las aplicaciones de inteligencia artificial, que hoy en día están dispuestas a pagar precios mucho más elevados por los componentes.