El miércoles 25 de febrero, el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, dio por concluida la sesión sin someter a votación el proyecto de ley n.º 278/2026, que establece el régimen fiscal especial para centros de datos conocido como ReData. Ante este aplazamiento, el sector de los centros de datos espera con inquietud la posibilidad de que el proyecto de ley sea finalmente aprobado. Esta aprobación podría marcar un punto de inflexión para el sector en Brasil. Así lo valora Marcos Siqueira, director de estrategia de Ascenty, quien prevé una aceleración significativa de las inversiones en infraestructura digital a partir de 2026.

En una entrevista con DCD, el ejecutivo afirma que hay confianza en el mercado de que el proyecto acabará siendo aprobado. «Basándonos en las conversaciones que hemos mantenido, creemos que se aprobará. Si se aprueba, muchos proyectos que se están negociando con grandes empresas estadounidenses y asiáticas deberían desbloquearse casi de inmediato», afirma.

Marcos Siqueira
Marcos Siqueira, director de estrategia de Ascenty – Linkedin

Según Siqueira, en algunos casos, el ReData representa hasta un tercio de la inversión total a través de beneficios fiscales, lo que modifica de manera decisiva el plan de negocio de las multinacionales interesadas en expandir sus operaciones en el país. «A partir de 2026, Brasil podría experimentar un volumen de inversiones en infraestructura y tecnología sin precedentes».

Energía y burocracia: los dos principales obstáculos

Aunque el incentivo fiscal se considera estratégico, el ejecutivo destaca que hay otros dos puntos críticos para consolidar a Brasil como centro digital: la disponibilidad de energía eléctrica de alta capacidad y la reducción de la burocracia.

En los últimos años, el sector se ha enfrentado a una avalancha de solicitudes de acceso a la red eléctrica —incluso por parte de empresas sin historial en infraestructura— lo que ha inflado artificialmente la demanda comunicada al Ministerio de Minas y Energía. «Se llegó a hablar de 10 GW de demanda. Cuando sumamos los proyectos reales en negociación, la cifra se acerca a eso. El problema es que hubo mucha especulación», explica.

Para Siqueira, la creación de criterios más rigurosos —incluida la exigencia de una aportación financiera para la reserva de capacidad— es positiva. «La industria nunca se ha opuesto a pagar por reservar energía. Al menos nos da la garantía de que estará disponible cuando la necesitemos».

Otro punto es la simplificación de los trámites burocráticos que, según él, pueden llevar meses sin aportar un valor técnico relevante. «Brasil todavía se encuentra en la fase de competir con otros países para atraer el proyecto. No estamos compitiendo empresa contra empresa; estamos compitiendo país contra país».

Infraestructura sólida, pero presión sin precedentes

A pesar de los retos, el ejecutivo considera que Brasil cuenta con una base sólida. El Sistema Interconectado Nacional se señala como una ventaja competitiva, ya que permite que la energía generada en el Norte y el Nordeste se consuma en el Sudeste y el Sur. «Brasil genera más energía de la que consume y cuenta con una matriz energética renovable en aproximadamente un 90 %. El cuello de botella hoy en día está en las líneas de distribución y en el tiempo de respuesta», afirma Siqueira.

Destaca que la planificación energética tradicional no preveía una industria con una demanda tan intensa y concentrada como la impulsada por la inteligencia artificial. «La IA cambia las reglas del juego. Exige grandes volúmenes de energía e infraestructura en plazos mucho más cortos».

Competitividad global y ventaja medioambiental

Para Siqueira, Brasil reúne las condiciones para competir a nivel global, especialmente en proyectos en los que la latencia no es crítica. En Estados Unidos, afirma, existe una creciente presión social contra los nuevos centros de datos debido al aumento de los costes de la energía y el agua. En Brasil, el panorama es diferente.

Ascenty, por ejemplo, no utiliza agua para la refrigeración desde el inicio de sus operaciones, en 2012. En el campus de Vinhedo (SP), uno de los mayores de América Latina, el consumo anual de agua equivale al de tan solo 16 hogares de cuatro personas —limitado básicamente al uso sanitario y administrativo.

«Ofrecemos un centro de datos con energía 100 % renovable, neutro en carbono, que no consume agua para la refrigeración y con un coste energético entre un 20 % y un 30 % más bajo que en otros países. Esto posiciona a Brasil de forma estratégica», afirma Siqueira.

La empresa también ha anunciado recientemente uno de los mayores contratos de autoproducción de energía de América Latina, una estrategia que reduce la presión sobre las empresas de suministro y refuerza el compromiso medioambiental.

Soberanía de datos y latencia

Otro tema considerado estratégico es la soberanía de los datos, no solo desde el punto de vista geopolítico, sino también desde el punto de vista técnico. «Entre São Paulo y Fortaleza, hablamos de unos 50 milisegundos de latencia. Si los datos están fuera del país, se añaden fácilmente otros 100 milisegundos», afirma Marcos Siqueira.

Según él, mantener los datos en el territorio nacional mejora el rendimiento, reduce los costes y aumenta el atractivo para nuevas inversiones internacionales. «Cuantos más datos se almacenen y procesen en Brasil, mayor será el incentivo para que nuevos actores inviertan aquí».

El auge de la IA exige centros de datos más grandes

Siqueira define la inteligencia artificial como una nueva revolución industrial. Según él, la demanda de IA exigirá instalaciones mucho más grandes e inversiones multimillonarias. «La construcción de un centro de datos de 100 MW puede requerir alrededor de 1000 millones de dólares (5200 millones de reales). Los equipos instalados por los clientes pueden representar cuatro o cinco veces ese valor».

Destaca que las aplicaciones corporativas e industriales representan la mayor parte del potencial de la IA, mucho más allá de los populares chatbots. «En el sector sanitario, por ejemplo, las soluciones de IA requieren un procesamiento intensivo y una latencia casi nula. Esto exige GPU, una conectividad robusta y una alta resiliencia».

Mano de obra: un reto estructural

Con la expansión del sector, la formación de profesionales cualificados se convierte en un reto importante. Marcos Siqueira señala que no hay cursos específicos sobre el funcionamiento de centros de datos en las universidades brasileñas. «El operador de un centro de datos debe combinar conocimientos eléctricos, mecánicos e hidráulicos con habilidades sociales para tomar decisiones rápidas», afirma Siqueira.

La estrategia de la empresa ha consistido en contratar y formar a profesionales con antelación, incluso antes de que las nuevas unidades entren en funcionamiento. A pesar de la competencia por el talento, el ejecutivo afirma que la rotación de personal de la empresa es baja, gracias a políticas de remuneración competitivas, prestaciones y formación continua.

Expansión en América Latina

La empresa cuenta con 25 centros de datos en funcionamiento y otros 13 en construcción o en fase previa, lo que suma un total de 38 unidades. La estrategia es duplicar su tamaño en los próximos años. Además de Brasil, los mercados más prometedores son Chile y México. En el caso de México, destaca su proximidad a Estados Unidos. Por su parte, Chile se considera una puerta de entrada al Pacífico y una alternativa para dar servicio al Cono Sur.

Aun así, según Siqueira, Brasil sigue siendo el principal foco de interés global.

Tres pilares estratégicos

La estrategia de la empresa se estructura en tres verticales:

  1. Servicios de centros de datos (hiperescala, empresa e IA);
  2. Conectividad, con más de 4.000 km de red propia que interconecta estaciones de cables submarinos y centros de datos;
  3. Alianzas con proveedores globales de nube, que permiten la conexión a cientos de centros de datos en todo el mundo.

«Brasil tiene una gran oportunidad de convertirse en un centro global de infraestructura digital. Los centros de datos no son un riesgo; son una oportunidad para el desarrollo tecnológico, la generación de empleo y la soberanía digital», concluye Marcos Siqueira.

Si se aprueba, ReData puede ser el catalizador de esta nueva fase y posicionar al país como protagonista en la carrera global por la infraestructura de inteligencia artificial.