El pasado 27 de mayo de 2025 Telefónica apagó las últimas 661 centrales de cobre que seguían operativas en ese momento, poniendo punto y final a su trabajo con las centrales de cobre en España, cerrando así más de un siglo de historia y dando un nuevo paso en la transformación digital del país.
Este proceso, que dio comienzo en 2014, ha supuesto el apagado de más de 8.500 centrales y la migración de la mayoría de los clientes a fibra óptica, una tecnología que ofrece mayor velocidad, eficiencia y sostenibilidad.
Además de un cambio tecnológico, este cierre de centrales representa un profundo impacto en la estructura y funcionamiento de la red de telecomunicaciones española y abre nuevas vías para la innovación y sostenibilidad del sector, tal y como vamos a conocer en este reportaje gracias a Telefónica y Rafael Moya Director de Transformación de la red e infraestructuras de Telefónica España.
Principio de una era
La historia de las centrales de cobre en España se remonta al siglo XIX, cuando Telefónica, entonces conocida como Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), comenzó a desplegar la primera red telefónica fija en el país.
Hasta ese momento, lo que existía en España era un mosaico de pequeñas redes privadas y concesionarias locales que generaban desigualdad territorial y un acceso limitado a la telefonía, especialmente en zonas rurales. Con la aparición de la CTNE, el país inició una expansión sistemática y planificada de líneas y centrales que permitieron democratizar el servicio.
Un hito simbólico fue el proceso de inauguración del edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid, el cual además de ser uno de los primeros rascacielos de Europa, albergaba una central automática capaz de gestionar decenas de miles de comunicaciones.
A partir de este momento se aceleró el despliegue de cobre tanto en ciudades como en pueblos, dando lugar a una infraestructura básica para el desarrollo económico y social del país.
Entre las décadas de 1950 y 1980 el teléfono fijo, que hasta ese momento era un lujo, pasó a formar parte del equipamiento estándar de todos los hogares, comercios y administraciones públicas.
El cobre no solo aportó la telefonía analógica, sino que a finales del siglo XX permitió una de las mayores revoluciones tecnológicas del país como fue el lanzamiento del ADSL en 1999 y con ello, la expansión de la conexión a internet en los hogares españoles.
Gracias a esta nueva tecnología, el antiguo hilo de cobre multiplicó su utilidad y dio paso a millones de conexiones de banda ancha, impulsando el comercio electrónico, el correo digital, el consumo de contenidos online, servicios en la nube, etc.
Durante décadas, las centrales de cobre fueron el núcleo de la red, gestionando millones de líneas y conectando ciudades, pueblos y zonas rurales. El despliegue fue masivo y constante, llegando a cubrir prácticamente todo el territorio nacional, lo que permitió la democratización del acceso a la comunicación y la integración social y económica de amplios sectores de la población.
El despliegue se produjo de tal manera que, en su punto más álgido, llegó a cubrir prácticamente todo el territorio nacional, contando con más de 8.500 centrales de cobre repartidas por toda la geografía española. Una capilaridad que permitió que incluso los municipios más pequeños y remotos contaran con acceso telefónico e internet. Así, muchos de esos edificios, cables y postes, se convirtieron en parte del paisaje cotidiano, desde barrios urbanos hasta carreteras rurales, formaban una infraestructura omnipresente.
Fin de ciclo
Como expone Rafael Moya, "desde 1924, el par de cobre permitió conectar hogares y empresas, primero para la voz y, más tarde, para el acceso a Internet mediante ADSL. Durante décadas cumplió su propósito, pero la creciente demanda de velocidad y calidad de servicio puso de manifiesto sus limitaciones: elevado consumo energético, multiplicidad de centrales y una complejidad operativa difícil de sostener".
La transformación de la red supone mucho más que un cambio de tecnología. Es un rediseño profundo que pasa de un modelo "complejo, fragmentado y costoso, basado en el cobre, a otro más simple, eficiente y convergente, construido sobre fibra óptica y orientado a la consolidación de nodos". La red de cobre conllevaba la necesidad de múltiples puntos de presencia, debido a la atenuación de la señal, así como la presencia de equipos activos para regenerar la señal, duplicidad tecnológica o un alto consumo energético, según nos explica Moya.
Hoy, el desmantelamiento de esta tecnología supone un cambio tecnológico, pero también la desaparición física de una infraestructura que ha formado parte de la estampa nacional durante varias generaciones.
El apagado de las centrales de cobre implica borrar una parte de la memoria colectiva, ¿recuerdan las cabinas telefónicas? es cierto que quizás estas infraestructuras hace años que empezaron a desaparecer y las nuevas generaciones probablemente no las hayan llegado a ver, al igual que los teléfonos fijos con marcación mediante rueda giratoria, los módems con sonido metálico, son elementos que hoy suenan a pasado pero que no hace tanto eran parte de nuestra sociedad.
Transformación tecnológica y ventajas de la fibra
Ahora, la tecnología predominante es la fibra óptica. La migración de clientes ha permitido que el 94% de las líneas ADSL pasen a fibra óptica, mientras que el resto ha sido trasladado a tecnologías alternativas como acceso radio o satélite. Este cambio se debe a que la fibra óptica ofrece velocidades mucho mayores, menor consumo energético (hasta un 90% más eficiente que el cobre) y menos mantenimiento, lo que se traduce en una experiencia de usuario superior y una red más fiable.
Tal y como nos explica a Data Center Dynamics, Rafal Moya, Director de Transformación de la red e infraestructuras de Telefónica España, “la fibra es más simple; no solo mejora la calidad de la conexión, sino que también permite la implementación de nuevos servicios y la evolución de la red hacia tecnologías más avanzadas”.
Telefónica ha invertido miles de millones de euros en este proceso y ha desarrollado herramientas para garantizar que la transición sea lo más fluida posible para los usuarios, minimizando interrupciones y asegurando la continuidad del servicio. Además, la fibra óptica facilita el despliegue de servicios como la telemedicina, la educación en línea y la industria 4.0, abriendo nuevas oportunidades para empresas y administraciones.
Cabe destacar, como señala Moya, que en relación con la transición comercial, la migración tecnológica "se ha hecho sobre la máxima de no dejar de prestar servicio en ningún momento a nuestros clientes, ofreciéndoles siempre una alternativa tecnológica viable, y acompañándolos durante todo el proceso".
Sostenibilidad y compromiso ambiental
El proceso de cierre ha supuesto el desmantelamiento de más de 65.000 toneladas de cable y el reciclaje de 7.140 toneladas de residuos electrónicos, contribuyendo a los objetivos de sostenibilidad de la compañía. Telefónica destaca que la nueva red reduce el impacto ambiental hasta en un 94% y que el 100% de sus operaciones ya utilizan energía renovable. “La transición a la fibra óptica no es solo un avance tecnológico, sino también un compromiso con el medio ambiente y la responsabilidad social corporativa”, afirma Rafael Moya. Además, la compañía ha reutilizado materiales y ha garantizado que los residuos generados durante el proceso de cierre se gestionen de manera responsable. Este enfoque ha sido clave para cumplir con los requisitos de sostenibilidad exigidos por reguladores y clientes, y ha permitido que Telefónica sea reconocida como líder en la digitalización sostenible. La empresa ha implementado protocolos estrictos para el tratamiento de residuos y ha colaborado con empresas especializadas en reciclaje y reutilización de materiales.
Impacto en empleo y nuevas oportunidades
El cierre del cobre también ha supuesto la desaparición de empleos y funciones técnicas ligadas a la antigua infraestructura, pero ha abierto nuevas oportunidades en la gestión de redes ópticas y sostenibles. “Hemos tenido que adaptar a nuestros profesionales a las nuevas tecnologías y capacitarlos para gestionar redes más modernas y eficientes”, indica Moya. La compañía ha impulsado programas de formación y recolocación para garantizar que los empleados puedan seguir contribuyendo al desarrollo de la red. Este proceso ha permitido que Telefónica mantenga su capacidad de innovación y competitividad en el sector, y ha generado nuevas oportunidades laborales en áreas como la gestión de redes ópticas, la ciberseguridad y la sostenibilidad. La formación continua y la adaptación de los equipos han sido claves para mantener la calidad del servicio y la satisfacción de los clientes.
Futuro y retos
La apuesta de Telefónica por la fibra óptica no termina aquí: la compañía sigue avanzando hacia tecnologías como XGPON y XGSPON, y también impulsa el despliegue de 5G y futuras generaciones móviles. “El reto ahora es seguir innovando, adaptándonos a las nuevas demandas del mercado y garantizando que los beneficios de la transformación lleguen a todos los usuarios”, asegura Rafael Moya. Además, Telefónica se compromete a mantener el ritmo de despliegue de fibra en zonas rurales y a seguir impulsando la digitalización del país. La compañía también está explorando nuevas formas de colaboración con otros operadores y administraciones para garantizar que la transición sea inclusiva y sostenible. La digitalización de la red no solo beneficia a los usuarios finales, sino que también abre nuevas posibilidades para la industria, la administración pública y el desarrollo económico del país. Telefónica está impulsando proyectos de conectividad rural y colaborando con instituciones para garantizar que ningún territorio quede excluido de la transformación digital.
Innovación y sostenibilidad como pilares
La experiencia de Telefónica en el cierre de la red de cobre y la migración a fibra óptica puede servir de ejemplo para otros países y operadores que enfrentan procesos similares de transformación de sus redes. La compañía ha demostrado que la transición tecnológica puede ir de la mano de la responsabilidad social y ambiental, sentando las bases para un futuro más conectado y sostenible en España. “La innovación y la sostenibilidad son los pilares de nuestra estrategia, y estamos comprometidos a seguir avanzando en este camino para ofrecer los mejores servicios a nuestros clientes y contribuir al desarrollo del país”, concluye Rafael Moya. Telefónica sigue siendo un referente en la modernización y sostenibilidad de las redes, y su experiencia en este proceso puede inspirar a otros actores del sector a impulsar la transformación digital y sostenible en sus propias redes. La compañía continúa explorando nuevas tecnologías y modelos de negocio para mantenerse a la vanguardia en un sector en constante evolución.
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