¿Están los data centers agotando nuestros recursos hídricos? La pregunta aparece cada vez con más frecuencia en el debate sobre el crecimiento de la infraestructura digital. Una infografía compartida sobre el consumo de agua en Estados Unidos intenta aportar perspectiva al comparar los centros de datos con el riego residencial, los inodoros, las duchas, las fugas domésticas y los campos de golf.
Su mensaje es claro: otros usos representan volúmenes superiores. Sin embargo, para interpretar correctamente estas cifras debemos entender qué se está midiendo, de dónde procede el agua y en qué condiciones se utiliza.
Qué hay detrás de las cifras
El informe de 2024 del Lawrence Berkeley National Laboratory estima que los centros de datos estadounidenses consumieron directamente unos 66.000 millones de litros de agua en 2023. A ello se suma una huella indirecta cercana a 800.000 millones de litros, asociada a la generación de la electricidad que utilizaron. Esta distinción explica la cifra aproximada de 228.000 millones de galones que aparece en la imagen: combina consumo directo e indirecto.
Presentar ambos componentes permite ampliar la mirada más allá de la instalación. Pero también exige cautela al compararlos con otras actividades: las categorías deberían utilizar límites, periodos y metodologías equivalentes.
La propia infografía reconoce que sus datos proceden de años distintos, que algunas categorías pueden solaparse y que uso y consumo de agua no significan lo mismo. Por ello, sirve como punto de partida para una conversación, aunque no permite establecer una clasificación definitiva del impacto de cada actividad.
El impacto también depende del lugar
Un volumen nacional relativamente pequeño puede seguir siendo relevante para una comunidad concreta. Para valorar un proyecto, necesitamos conocer la disponibilidad de agua de la zona, la infraestructura existente y las necesidades de la población y de otras actividades económicas.
También debemos distinguir entre el agua extraída, el agua devuelta y la que se consume, por ejemplo, mediante evaporación. La procedencia es igualmente importante: utilizar agua potable, regenerada o de otra fuente implica condiciones diferentes.
Por eso, comparar únicamente volúmenes agregados deja fuera parte de la información que necesitan las comunidades para entender un proyecto.
Una oportunidad para elevar la transparencia
La respuesta del sector debería apoyarse en información comprensible y verificable. Cada proyecto debería explicar su demanda prevista, las fuentes de suministro, el sistema de refrigeración elegido y las medidas previstas para situaciones de escasez.
La evaluación debe contemplar conjuntamente agua y energía. Reducir el consumo dentro de una instalación es un objetivo relevante, pero conviene analizar también sus efectos sobre la demanda eléctrica y la huella asociada al suministro energético.
Para Latinoamérica, esta conversación ofrece una oportunidad: integrar la planificación hídrica en el desarrollo de la infraestructura digital desde sus primeras etapas y construir una relación de confianza con las comunidades.
Las comparaciones ayudan a poner las cifras en perspectiva. La confianza requiere, además, demostrar cómo se gestionan los recursos en cada ubicación. El crecimiento del sector será más sólido cuando pueda explicar con claridad tanto el valor que aporta como las responsabilidades que asume.
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