Dentro de los roles asignados a un proyecto de gran envergadura, está cobrando cada vez más fuerza el papel del consultor técnico como apoyo a la propiedad en todo el proceso.
Dada la creciente complejidad de las infraestructuras asociadas a este tipo de recintos, el nivel de especialización debe ser máximo y su relación con el éxito del proyecto, claramente vinculada.
Un trabajo de esta naturaleza, lo solemos diferenciar, habitualmente, en seis fases de actuación, más una previa.
En esta etapa preliminar se toman una serie de decisiones de capital importancia para el futuro del proyecto y, normalmente, ligadas a la identificación de las necesidades reales de la propiedad en función de sus líneas de negocio.
Corresponde también a esta fase 0 la asignación del equipo de trabajo y la selección del consultor, elección que suele estar basada en la confianza, fruto del conocimiento previo o del análisis de referencias similares.
Una vez seleccionados como consultores, y claramente definidos los objetivos de la propiedad, la primera fase de colaboración comienza con el establecimiento de los formatos de contratación y termina con el desarrollo de un diseño conceptual que permita la elaboración de una RFP/RFQ lo más detallada posible, con objeto de homogeneizar las propuestas.
A partir del lanzamiento de la petición de ofertas, comienza el trabajo de análisis de las mismas, desde el contacto permanente para solucionar los problemas de interpretación que puedan tener los proveedores hasta el estudio comparativo final de las ofertas, pudiendo quedarse o no en manos de la propiedad la negociación de la parte económica de las propuestas. En ocasiones, se incluyen en este tramo ciertas labores de adaptación de ciertas propuestas a las características requeridas.
Aunque pueda parecer lo contrario, esta fase es una de las más importantes del proceso, pues en ella se establecen muy claramente las responsabilidades de los que luego van a componer un grupo de cuya estrecha colaboración van a depender los buenos resultados del proyecto.
Es precisamente la fase “proyecto de detalle” la tercera en acometerse y, en este caso, la función del consultor es la de revisión de la documentación que se va generando, y el foco permanente, el de la correspondencia de las soluciones planteadas por la ingeniería con las necesidades reales expuestas al principio. El proceso de certificación de diseño, si ha lugar a ello, es también un hito que se apoya fuertemente en la figura del consultor, como apoyo para su consecución.
La cuarta fase corresponde con la construcción de la obra e, incluyendo o no la función PMO en este tramo, el consultor juega un papel trascendental. A lo largo de los meses que suelen necesitarse para esta tarea surgen innumerables situaciones donde resulta capital una toma de decisiones rápidas y, por supuesto, acertadas. De ello depende el cumplimiento de los plazos y de las especificaciones técnicas. El consultor debe ejercer también de vía de unión entre las partes cuando surgen los habituales conflictos en esta fase.
Durante la realización de los ensayos y la puesta en marcha, ya en la quinta etapa, e independientemente de la realización o no de un commissioning formal, el consultor aporta su experiencia más significativa en un proceso donde deben salir a la luz todas las posibles desviaciones que la instalación puede presentar ante condiciones especiales de funcionamiento, incluyendo aquí las pruebas de estrés, recreando escenarios que van más allá de lo que puede requerirse, incluso a las topologías más exigentes.
Si los resultados se corresponden con lo que se espera de la línea de trabajo establecida, las certificaciones de construcción se plantean con gran agilidad y su consecución suele ser francamente rápida.
Por último, el sexto tramo de actuación nos plantea uno de los retos más exigentes, el de velar por el correcto proceso de operación y mantenimiento del data center.
Conscientes de que es en este tipo de actuaciones donde se dan con más frecuencia los errores que conducen a la pérdida de disponibilidad, el listón hay que ponerlo muy alto y sentar muy bien las bases para que el nivel de exigencia no se vaya relajando con el tiempo, algo que es muy habitual en este tipo de entornos. Es también en esta fase donde se plantean con mucho mayor detalle los asuntos relacionados con la eficiencia energética.
El desempeño del consultor es, en definitiva, imprescindible para el éxito del conjunto de los trabajos, suponiendo, además, una visión externa no vinculada a ningún otro interés que no sea el de una finalización adecuada de los trabajos y una puesta en servicio con todas las garantías.
PQC, el rol del consultor tecnológico en un Mega Data Center
Son seis las fases de actuación en un proyecto de centro de datos de gran envergadura