La irrupción de la inteligencia artificial está transformando los criterios con los que las grandes tecnológicas deciden dónde desplegar su infraestructura. Si durante la última década la prioridad era acercar las regiones cloud a los usuarios, ahora el foco se desplaza hacia otra cuestión: qué países pueden proporcionar la energía, el suelo y la capacidad de crecimiento necesarios para albergar los nuevos centros de datos de IA.

En ese nuevo escenario, Latinoamérica comienza a consolidarse como un mercado estratégico. A las inversiones ya anunciadas por hyperscalers y operadores de colocación en Brasil, Chile, México o Colombia se suma el interés de mercados emergentes como Paraguay, que buscan aprovechar su excedente de energía renovable para atraer instalaciones especializadas en computación de alto rendimiento.

La región reúne varios de los factores que hoy condicionan el desarrollo de la infraestructura para IA: abundancia de recursos energéticos, una creciente red de cables submarinos, disponibilidad de terrenos para nuevos campus y una demanda digital que continúa creciendo tanto en el ámbito empresarial como en el público.

La energía se convierte en el principal factor de decisión

La expansión de la inteligencia artificial está modificando la forma en que se planifican los centros de datos. Las nuevas generaciones de servidores equipados con GPU consumen mucha más energía que las infraestructuras tradicionales, lo que ha convertido la disponibilidad de potencia eléctrica en uno de los principales condicionantes para cualquier proyecto.

En Europa y Norteamérica, muchos mercados afrontan dificultades para obtener nuevas conexiones a la red debido a la saturación de las infraestructuras eléctricas. En contraste, varios países latinoamericanos disponen de margen para incrementar su capacidad gracias a una elevada producción de energía renovable, especialmente de origen hidroeléctrico, solar y eólico.

Brasil continúa siendo el principal mercado regional gracias a su tamaño y madurez, mientras que Chile ha reforzado su atractivo mediante el desarrollo de grandes proyectos de almacenamiento energético y una de las matrices eléctricas más renovables de la región. México mantiene su papel como puerta de entrada al mercado norteamericano y Colombia acelera el despliegue de infraestructura digital apoyada en la mejora de su conectividad internacional.

Paraguay aspira ahora a incorporarse a ese grupo aprovechando la energía excedentaria generada por las centrales hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá, un recurso que podría convertirse en uno de sus principales activos para captar inversiones en centros de datos.

La conectividad impulsa una nueva generación de inversiones

La energía es solo una parte de la ecuación. El crecimiento de la infraestructura digital también depende de la capacidad de transportar grandes volúmenes de información con baja latencia y alta disponibilidad.

En los últimos años, Latinoamérica ha experimentado una intensa expansión de su red de cables submarinos, impulsada por operadores de telecomunicaciones, proveedores cloud y grandes compañías tecnológicas. Nuevas conexiones entre Sudamérica, Norteamérica, Europa y Asia están incrementando la capacidad internacional y reduciendo la dependencia de rutas tradicionales.

Esta mejora de la conectividad está favoreciendo la aparición de nuevos mercados para los centros de datos, al facilitar la prestación de servicios cloud y de inteligencia artificial desde ubicaciones que hasta hace pocos años no resultaban competitivas.

Al mismo tiempo, la construcción de nuevos puntos de interconexión y la expansión de los ecosistemas de fibra óptica están reforzando la resiliencia de la infraestructura regional, un aspecto cada vez más relevante para aplicaciones críticas y cargas de trabajo de IA.

Una competición que trasciende la tecnología

La creciente demanda de capacidad de computación también está introduciendo un componente geopolítico en el desarrollo de la infraestructura digital latinoamericana.

Estados Unidos y China compiten por ampliar su influencia tecnológica en la región mediante inversiones en centros de datos, plataformas cloud, chips de inteligencia artificial y redes de telecomunicaciones. Mientras compañías estadounidenses continúan expandiendo sus regiones cloud y su infraestructura basada en GPU de NVIDIA, proveedores chinos como Huawei impulsan alternativas apoyadas en sus propias plataformas de computación acelerada y servicios cloud.

Esta competencia ofrece nuevas oportunidades para los países latinoamericanos, que buscan atraer inversiones capaces de generar empleo cualificado, fortalecer sus ecosistemas tecnológicos y diversificar sus economías. Sin embargo, también plantea retos relacionados con la disponibilidad de energía, la planificación de las redes eléctricas y la necesidad de formar profesionales especializados para operar infraestructuras cada vez más complejas.

La carrera por la inteligencia artificial ya no se libra únicamente en el desarrollo de modelos o semiconductores. Cada vez más, se decide en la capacidad de construir y alimentar los centros de datos que harán posible la próxima generación de servicios digitales. En ese nuevo mapa, Latinoamérica ha dejado de ser un mercado secundario para convertirse en una de las regiones con mayor potencial de crecimiento para la infraestructura digital.