El sector de los centros de datos en España atraviesa una fase de transformación estructural impulsada por la convergencia de tres grandes fuerzas: el auge de la inteligencia artificial, las restricciones en el acceso a la energía y un marco regulatorio cada vez más exigente. Este fue el eje central del evento Run the Future, celebrado con motivo del Día Internacional del Data Center, donde distintos actores del ecosistema analizaron los desafíos que marcarán el desarrollo de estas infraestructuras críticas en los próximos años.

La mesa redonda “Centros de Datos 360º: sostenibilidad, regulación y desafíos geoestratégicos” reunió a perfiles clave del sector, entre ellos Mar Serna, José Luis Herrero, Alejandro Fuster, Ignacio Azorín y Lope del Amo. El consenso fue claro: el crecimiento sostenido del sector —con incrementos del 24% el último año y previsiones cercanas al 20% anual— está dando paso a un cambio de paradigma en el que sostenibilidad y geopolítica adquieren un peso equivalente al de la innovación tecnológica.

La presión de la IA redefine la infraestructura

La inteligencia artificial se consolida como el principal catalizador de demanda, pero también como una fuente de disrupción técnica. Durante el debate, José Luis Herrero advirtió que los actuales diseños monolíticos podrían quedar obsoletos en un plazo muy corto, debido al incremento exponencial de la densidad computacional.

Este escenario está acelerando la transición desde sistemas tradicionales de refrigeración por aire hacia soluciones de refrigeración líquida, capaces de gestionar cargas térmicas mucho más elevadas. En la misma línea, Mar Serna subrayó que el crecimiento del tamaño y la complejidad de los centros de datos exige una evolución continua de la ingeniería, que debe acompañar a la infraestructura a lo largo de todo su ciclo de vida.

Energía: el principal cuello de botella

Más allá de la tecnología, el acceso a la red eléctrica se perfila como el principal factor limitante para el crecimiento del sector en España. Alejandro Fuster reclamó una mayor agilidad en la asignación de potencia y alertó sobre la falta de criterios homogéneos en su concesión.

Por su parte, Ignacio Azorín destacó que Madrid se encuentra ya en el radar de los grandes hubs europeos, compitiendo con mercados como Londres, París, Ámsterdam o Frankfurt. Sin embargo, advirtió que la falta de planificación y disponibilidad energética puede desviar inversiones hacia otras regiones, en un contexto en el que el capital actúa con rapidez.

El debate incorporó también una dimensión geoestratégica, poniendo el foco en la necesidad de reforzar la soberanía digital europea. En este sentido, se insistió en que depender de infraestructuras y proveedores externos supone un riesgo creciente en un entorno global marcado por tensiones tecnológicas.

Sostenibilidad: hacia un marco regulatorio más exigente

La sostenibilidad cerró el debate como uno de los pilares críticos para el futuro del sector. Lope del Amo describió los centros de datos como grandes “calderas eléctricas”, donde la gestión del calor residual se convierte en una oportunidad clave.

El consenso apunta a que la eficiencia dejará de ser un compromiso voluntario para convertirse en una obligación normativa impulsada desde Europa. En este contexto, la integración de los centros de datos en entornos urbanos o industriales, mediante el aprovechamiento del calor residual en redes de distrito, se perfila como una solución estratégica.

Asimismo, Mar Serna abogó por evolucionar más allá del tradicional indicador PUE, incorporando métricas como CUE (huella de carbono) y WUE (uso del agua) que permitan medir de forma más precisa el impacto ambiental de estas infraestructuras, aunque reconoció la complejidad de su estandarización a nivel regulatorio.

De la oportunidad al reto estructural

La jornada concluyó con un mensaje compartido: el sector de los centros de datos en España avanza hacia una mayor profesionalización, pero enfrenta un momento decisivo. La capacidad para garantizar acceso a energía, adaptar la infraestructura a las exigencias de la IA y cumplir con un marco regulatorio más estricto determinará su competitividad en el escenario europeo.

El reto ya no es únicamente tecnológico. Es estructural.