La tarde noche del lunes miles de usuarios se quedaron sin conexión a Internet durante cerca de ocho horas cuando un intento de robo de cableado de fibra óptica provocó un corte masivo en varias zonas de la capital de la Costa del Sol, poniendo de nuevo el foco en la fragilidad de las infraestructuras físicas que sostienen los servicios digitales.
Si bien el suceso no tuvo ninguna motivación tecnológica, su impacto si fue propio de un incidente de ciberresiliencia, teniendo como consecuencia la interrupción generalizada de los servicios, afectando a negocios dependientes de la conectividad y perdiendo la operatividad en actividades cotidianas y profesionales.
Los expertos en seguridad digital recuerdan que los ataques o daños físicos sobre las redes de comunicaciones deben tratarse como riesgos críticos dentro del ecosistema DCD (Defensa, Ciberseguridad y Digitalización).
En este sentido, operadoras y analistas coinciden en que la falta de vigilancia en zonas vulnerables del tendido y la ausencia de rutas de redundancia pueden amplificar las consecuencias de un simple intento de robo. Para evitar episodios similares, recomiendan reforzar la seguridad física en puntos estratégicos, mejorar los planes de contingencia y aumentar la coordinación entre proveedores de telecomunicaciones, cuerpos de seguridad y administraciones locales.
Recientemente tuvo lugar un incidente similar en la provincia de León, dejando en evidencia que la protección del entorno digital no depende solo de firewalls o ciberdefensas avanzadas: también requiere blindar los elementos físicos que permiten que la vida digital funcione. La interrupción en Málaga se suma a una tendencia creciente de ataques y daños a cableado que ya preocupa a operadores y organismos responsables de infraestructuras críticas.
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