Por varios motivos, 2010 se ha convertido en un año que no pasará inadvertido en el curso de la historia. Entre los hechos que más han impactado en la opinión pública –además de la dureza de la crisis- destacan los dos terremotos que con tanta violencia sacudieran los países de Haití y Chile a comienzos de año.
En febrero, un seísmo de 8.8 puntos de magnitud hizo temblar los cimientos de este país del cono sur de América Latina, con el resultado de más de 500 muertos, cerca de dos millones de damnificados y la destrucción masiva de infraestructuras por todo el estado: edificios, puentes, carreteras…, con pérdidas cercanas a los 30.000 millones de dólares.
Los suministros de electricidad, agua y líneas telefónicas resultaron asimismo dañados. En este contexto, no es de extrañar que los centros de datos -pese a tratarse de infraestructuras críticas y a que en su diseño se deben incluir todo tipo de medidas para evitar las catástrofes naturales susceptibles de producirse en la zona-, sufrieran también los devastadores efectos del terremoto. En los días sucesivos al evento los distintos medios nacionales fueron publicando las incidencias ocurridas en algunas de las empresas de servicios de data center más importantes del país, e informando de los problemas para volver a la normalidad de algunos CPDs.
Así, se produjeron cortes en el servicio de algunas empresas, que fueron de varias horas en algunos casos, e incluso días en otros. Algunos de los problemas reportados hacían referencia, por ejemplo, al movimiento de los SAIs del centro de datos debido a la fuerza del sismo, afectando en su desplazamiento a los circuitos de la instalación. Por su parte, otras ubicaciones sufrieron inundaciones, con el consiguiente efecto sobre los servidores.
Asimismo, el temblor de tierra afectó tanto a centros principales como de respaldo, dejó entrever los fallos en el suministro eléctrico y la deficiencia en la segregación de redes.
Los errores humanos en la gestión una vez producido el suceso pusieron también en entredicho los planes de contingencia de algunos centros.
En Latinoamérica, los países situados en la costa del Pacífico –México, Perú, Colombia o Chile, entre otros- tienen riesgos de sufrir terremotos. Evidentemente, no son los únicos. En el resto del planeta, países como Estados Unidos y Japón también experimentan la amenaza de que se mueva la tierra. En estos estados, donde la ingeniería de centros de datos se encuentra muy avanzada, se han tomado diversas medidas para minimizar el impacto de este tipo de desastres naturales. Desde DatacenterDynamics hemos investigado estos mercados y hemos contactado con un experto internacional en la materia, Ron Hughes, presidente de California Datacenter Design Group, para conocer cuáles son las medidas que se pueden tomar para conseguir un CPD “a prueba” de terremotos.
Elegir emplazamiento
Junto con los retos globales que han de abordar los responsables de data center en todo el mundo –como la reducción del consumo eléctrico y el aumento de la efi ciencia energética-, los directores de sistemas en Japón deben hacer frente a su propio talón de Aquiles, como es la adecuada elección de la ubicación del CPD.
Además del elevado precio del metro cuadrado –que obliga a buscar un emplazamiento en zonas alejadas al centro de la ciudad-, en el país del sol naciente necesitan eludir en lo posible el riesgo de terremotos, una amenaza mucho más frecuente en aquella región que en otras zonas del planeta: los datos indican que se llegan a producir hasta 1.000 temblores de tierra al año en el país. En este sentido, se ha buscado una ubicación alternativa para situar el data center. Se trata de Okinawa, donde las métricas indican que existe una menor actividad sísmica y, por tanto, menos posibilidades de que un terremoto se produzca.
No obstante, algunos data centers se encuentran localizados, inevitablemente, en zonas de alto riesgo, como es el caso de Tokio, debido a que se trata de una metrópoli con una gran actividad económica. No ocurre esto únicamente en Japón. Al parecer de Ron Hughes, “es obvio que una de las cosas que tenemos en consideración cuando estamos desarrollando los criterios de selección de la zona donde implantar el data center es la actividad sísmica del área en cuestión.
Tratamos de evitar cualquier zona de nivel 4, aunque a veces la demanda de espacio es muy fuerte en zonas activas de terremotos, como es el caso de San Francisco y Los Ángeles”.
Algunas claves
Los CPDs en áreas con actividad sísmica son muy conscientes de su vulnerabilidad ante la posibilidad de que se produzca un terremoto.
En el caso de que tenga lugar un gran sismo –como ya hemos visto en Chile-, el suministro eléctrico suele sufrir un corte, al igual que las comunicaciones, y el acceso a la instalación se convierte en una tarea difícil, en ocasiones incluso imposible. Ron Hughes ofrece algunas pautas a seguir en el diseño y gestión del centro de proceso para mitigar estos riesgos.
En primer lugar, es conveniente establecer un diseño preventivo frente a terremotos de los data center en un nivel superior al necesario.
En los Estados Unidos, si un centro de datos se encuentra en zona sísmica 4, no es raro que el edificio sea diseñado en un porcentaje del 125% y el 150% con respecto a las cargas sísmicas tipo de esa área en particular. Este factor es similar al que se utiliza para otras instalaciones sensibles como hospitales, centros de operación de emergencias, etc.
En segundo término, también es imprescindible proteger contra sacudidas todas las infraestructuras críticas, incluyendo tuberías, conductos, refrigeradores, torres de aire acondicionado, grupos electrógenos y resto de elementos cruciales en el funcionamiento de las instalaciones. Otra medida consiste en diseñar cualquier conducto crítico con conectores flexibles para que se muevan en lugar de romperse en el caso de un terremoto.
Acopio de agua y fuel
Por otro lado, junto a todos los elementos de seguridad mencionados, hay que establecer otras precauciones, como llevar a cabo el aprovisionamiento o almacenamiento de suficiente agua y combustible para garantizar el funcionamiento un mínimo de 72 horas sin intervención externa o apoyo de algún tipo. Esto incluye tanto el agua de reposición para las torres de refrigeración como el combustible diesel para los generadores.
En este sentido, también es necesario tomar medidas previas para evitar la incomunicación.
Es preciso realizar un diseño que incluya diversos puntos de entrada de las compañías de telecomunicaciones, asegurar una gran diversidad de proveedores que presten el servicio, así como verificar el enrutado que utilizan para llegar a las instalaciones.
Por último, no es infrecuente realizar también un “aislamiento sísmico de base” de las instalaciones críticas. Esta tecnología se utiliza para aislar el inmueble del movimiento del suelo sobre el que se asienta. Haciendo una descripción muy básica, se podría decir que consiste en colocar la construcción sobre “amortiguadores” (como sistemas de cojinetes de bolas, muelles o cilindros acojinados), En cualquier caso, la clave es que, de este modo, el edificio se mueve de forma independiente a los cimientos que lo sustentan durante un terremoto. Así existe la posibilidad de que la instalación continúe en funcionamiento después del seísmo, sin tener que cerrar el emplazamiento para una evaluación estructural.
En febrero, un seísmo de 8.8 puntos de magnitud hizo temblar los cimientos de este país del cono sur de América Latina, con el resultado de más de 500 muertos, cerca de dos millones de damnificados y la destrucción masiva de infraestructuras por todo el estado: edificios, puentes, carreteras…, con pérdidas cercanas a los 30.000 millones de dólares.
Los suministros de electricidad, agua y líneas telefónicas resultaron asimismo dañados. En este contexto, no es de extrañar que los centros de datos -pese a tratarse de infraestructuras críticas y a que en su diseño se deben incluir todo tipo de medidas para evitar las catástrofes naturales susceptibles de producirse en la zona-, sufrieran también los devastadores efectos del terremoto. En los días sucesivos al evento los distintos medios nacionales fueron publicando las incidencias ocurridas en algunas de las empresas de servicios de data center más importantes del país, e informando de los problemas para volver a la normalidad de algunos CPDs.
Así, se produjeron cortes en el servicio de algunas empresas, que fueron de varias horas en algunos casos, e incluso días en otros. Algunos de los problemas reportados hacían referencia, por ejemplo, al movimiento de los SAIs del centro de datos debido a la fuerza del sismo, afectando en su desplazamiento a los circuitos de la instalación. Por su parte, otras ubicaciones sufrieron inundaciones, con el consiguiente efecto sobre los servidores.
Asimismo, el temblor de tierra afectó tanto a centros principales como de respaldo, dejó entrever los fallos en el suministro eléctrico y la deficiencia en la segregación de redes.
Los errores humanos en la gestión una vez producido el suceso pusieron también en entredicho los planes de contingencia de algunos centros.
En Latinoamérica, los países situados en la costa del Pacífico –México, Perú, Colombia o Chile, entre otros- tienen riesgos de sufrir terremotos. Evidentemente, no son los únicos. En el resto del planeta, países como Estados Unidos y Japón también experimentan la amenaza de que se mueva la tierra. En estos estados, donde la ingeniería de centros de datos se encuentra muy avanzada, se han tomado diversas medidas para minimizar el impacto de este tipo de desastres naturales. Desde DatacenterDynamics hemos investigado estos mercados y hemos contactado con un experto internacional en la materia, Ron Hughes, presidente de California Datacenter Design Group, para conocer cuáles son las medidas que se pueden tomar para conseguir un CPD “a prueba” de terremotos.
Elegir emplazamiento
Junto con los retos globales que han de abordar los responsables de data center en todo el mundo –como la reducción del consumo eléctrico y el aumento de la efi ciencia energética-, los directores de sistemas en Japón deben hacer frente a su propio talón de Aquiles, como es la adecuada elección de la ubicación del CPD.
Además del elevado precio del metro cuadrado –que obliga a buscar un emplazamiento en zonas alejadas al centro de la ciudad-, en el país del sol naciente necesitan eludir en lo posible el riesgo de terremotos, una amenaza mucho más frecuente en aquella región que en otras zonas del planeta: los datos indican que se llegan a producir hasta 1.000 temblores de tierra al año en el país. En este sentido, se ha buscado una ubicación alternativa para situar el data center. Se trata de Okinawa, donde las métricas indican que existe una menor actividad sísmica y, por tanto, menos posibilidades de que un terremoto se produzca.
No obstante, algunos data centers se encuentran localizados, inevitablemente, en zonas de alto riesgo, como es el caso de Tokio, debido a que se trata de una metrópoli con una gran actividad económica. No ocurre esto únicamente en Japón. Al parecer de Ron Hughes, “es obvio que una de las cosas que tenemos en consideración cuando estamos desarrollando los criterios de selección de la zona donde implantar el data center es la actividad sísmica del área en cuestión.
Tratamos de evitar cualquier zona de nivel 4, aunque a veces la demanda de espacio es muy fuerte en zonas activas de terremotos, como es el caso de San Francisco y Los Ángeles”.
Algunas claves
Los CPDs en áreas con actividad sísmica son muy conscientes de su vulnerabilidad ante la posibilidad de que se produzca un terremoto.
En el caso de que tenga lugar un gran sismo –como ya hemos visto en Chile-, el suministro eléctrico suele sufrir un corte, al igual que las comunicaciones, y el acceso a la instalación se convierte en una tarea difícil, en ocasiones incluso imposible. Ron Hughes ofrece algunas pautas a seguir en el diseño y gestión del centro de proceso para mitigar estos riesgos.
En primer lugar, es conveniente establecer un diseño preventivo frente a terremotos de los data center en un nivel superior al necesario.
En los Estados Unidos, si un centro de datos se encuentra en zona sísmica 4, no es raro que el edificio sea diseñado en un porcentaje del 125% y el 150% con respecto a las cargas sísmicas tipo de esa área en particular. Este factor es similar al que se utiliza para otras instalaciones sensibles como hospitales, centros de operación de emergencias, etc.
En segundo término, también es imprescindible proteger contra sacudidas todas las infraestructuras críticas, incluyendo tuberías, conductos, refrigeradores, torres de aire acondicionado, grupos electrógenos y resto de elementos cruciales en el funcionamiento de las instalaciones. Otra medida consiste en diseñar cualquier conducto crítico con conectores flexibles para que se muevan en lugar de romperse en el caso de un terremoto.
Acopio de agua y fuel
Por otro lado, junto a todos los elementos de seguridad mencionados, hay que establecer otras precauciones, como llevar a cabo el aprovisionamiento o almacenamiento de suficiente agua y combustible para garantizar el funcionamiento un mínimo de 72 horas sin intervención externa o apoyo de algún tipo. Esto incluye tanto el agua de reposición para las torres de refrigeración como el combustible diesel para los generadores.
En este sentido, también es necesario tomar medidas previas para evitar la incomunicación.
Es preciso realizar un diseño que incluya diversos puntos de entrada de las compañías de telecomunicaciones, asegurar una gran diversidad de proveedores que presten el servicio, así como verificar el enrutado que utilizan para llegar a las instalaciones.
Por último, no es infrecuente realizar también un “aislamiento sísmico de base” de las instalaciones críticas. Esta tecnología se utiliza para aislar el inmueble del movimiento del suelo sobre el que se asienta. Haciendo una descripción muy básica, se podría decir que consiste en colocar la construcción sobre “amortiguadores” (como sistemas de cojinetes de bolas, muelles o cilindros acojinados), En cualquier caso, la clave es que, de este modo, el edificio se mueve de forma independiente a los cimientos que lo sustentan durante un terremoto. Así existe la posibilidad de que la instalación continúe en funcionamiento después del seísmo, sin tener que cerrar el emplazamiento para una evaluación estructural.