Contenido Archivado

El siguiente contenido es de una versión anterior de este sitio web y es posible que no se muestre correctamente.

Después de los eventos de Madrid, México y Lima, Santiago es el último, al menos por este año, en el que vamos a hablar sobre las causas de caídas de data centers, la clasificación de sus orígenes y las responsabilidades que se derivan de este tipo de situaciones no deseadas.

Y lo haremos de la forma en la que hemos afrontado las anteriores ponencias, pero concediendo una atención muy especial a todo aquello que se encuentra relacionado con el uso y explotación del data center, es decir, todo aquello que comienza una vez terminada la construcción y puesta en marcha.

La construcción ha podido ser ejemplar, los plazos récord y la nueva instalación presentada como la joya de la corona, incluyendo todas las certificaciones habidas y por haber. Y sin embargo, la auténtica realidad comienza a manifestarse al día siguiente, cuando la operación comienza y, a partir de aquí, se erige en la pieza clave para el negocio durante todos los años de vida útil del centro.

Toda la parte de diseño y construcción, con todos sus conceptos complementarios que culminan en una determinada topología, es sólo responsable del 30% de los sucesos que provocan situaciones de downtime en los data centers. El resto, es decir, el 70%, pertenece a la fase de operación y mantenimiento, siendo la componente humana la que en mayor medida influye en el éxito o fracaso de la operación.

Por eso, resulta de capital importancia conocer cómo se están gestionando los recursos, tanto materiales como humanos, para desarrollar las operaciones del día a día del data center. Es muy necesario evaluar cómo se encuentra la documentación. Qué es lo que existe y qué es lo que hay que complementar o generar enteramente. También resulta imprescindible la realización de una Due Diligence, una especie de assessment que le dé a los responsables de mantenimiento, muchas veces empresas externas a la organización, una referencia válida de partida, incluyendo la identificación de puntos singulares de fallo y otro tipo de errores de importancia que siempre se cuelan en las instalaciones, por muy certificadas que estén.

Con estos datos de partida, hay que establecer y desarrollar un plan de acción que, de forma ordenada y progresiva (subiendo los peldaños de uno en uno), permita ir alcanzando unas condiciones operativas que estén a la altura de la inversión realizada y del nivel de disponibilidad que se espera para una instalación de esta magnitud, y de la que depende directamente el éxito de nuestro negocio.

Resulta una paradoja que, muchas veces, quienes tienen a su cargo los presupuestos de un data center están tentados de pensar que cuanto mayor sea el nivel de sofisticación del mismo y más automatización haya en los procesos, menos recursos humanos se han de necesitar, pero la realidad es exactamente la contraria. El número de personas, su perfil y los recursos de formación y capacitación deben incrementarse si se quiere rentabilizar la inversión realizada. No hacerlo así sería como construir un Fórmula 1 y creer que se pilota sólo o dejarlo en manos inexpertas. El accidente estaría casi garantizado.

En la vida útil del data center, se debe elegir entre la exigente realización continua de un proceso de gestión iterativa (el conocido Plan-Do-Check-Act) y la tradicional dotación de limitados recursos que conduce inexorablemente al ciclo de fallo que condena al data center a sufrir los mismos problemas cada cierto tiempo (la media actual se halla entre los 8 y los 12 años). Conocido como el efecto Narciso, la creencia de que todo está bajo control en un data center normalmente tiene el mismo efecto que ver un cuadro desde muy corta distancia. El que está dentro de la instalación y la tiene “dominada”, por muy experto y profesional que sea, pierde siempre la perspectiva y no es capaz de identificar potenciales problemas que se ven muy claramente desde fuera.

La explicación de los pasos a dar para mejorar los procesos asociados a la operación de un entorno de estas características es relativamente sencilla, pero su desarrollo real no resulta fácil precisamente. Por ello resulta muy conveniente apoyarse en quienes ya han tenido la experiencia de poner en marcha mecanismos de éxito y pueden adaptarlos al tamaño y requerimientos concretos de nuestro data center. Tanto éste, como la organización en su conjunto, nos estarán eternamente agradecidos.